miércoles, abril 1, 2026

Cristian Pavón, el 7 bravo del fútbol argentino que le ganó a la estrella del PSG

Corre Kichán. Ahí va, descalzo, acelerado, levantando polvo por las canchitas de tierra de Anisacate, el pueblito cordobés de menos de 3 mil habitantes en el que nació, se crió y conoció al amor de su vida: el fútbol.

Corre, Cristian. No para. No lo paran. Ahí va. Un par de años más grande, aún sin llegar a tener granitos, pero ya no en el potrero de enfrente de su casa. Corre con la camiseta del club Recreación de Anisacate. Va dejando pibes más grandes que él en ridículo hasta llegar al gol. A varios goles. “Pavón, Pavón, qué grande sos, qué jugador, cuánto valés”, cantaba sus tantos el relator local Damián Piazzi. "Como Messi", repetía como disco rayado cuando en el Canal 12 de Córdoba le preguntaban como quién jugaba.

Vestido de Talleres, Cristian Pavón nunca paró de correr, en Inferiores y en Primera. Corrió tanto que, después de un paso fugaz por Santa Fe para jugar en Colón, llegó a las grandes ligas: Boca Juniors lo recibía con las puertas abiertas de par en par.

Corre el 7 bravo que bajo el ala de Guillermo Barros Schelotto se transformó en un futbolista que además de correr, levanta la cabeza, juega, desborda, asiste, engancha, remata, golea. Campeón. Ganador. Fue sin dudas el jugador más destacado del fútbol argentino en las últimas temporadas. Nadie cuestionó su convocatoria -acaso el mayor acierto de Jorge Sampaoli-, y en un país en donde 40 millones de técnico arman y desarman equipos 24 horas los siete días de la semana, no es poca cosa.

Corre Pavón, ahora con 22 años, acá en Rusia. En el predio de Bronnitsy. No afloja. No le pesa la pilcha celeste y blanca, esa que para algunos es como un traje de buzo de siglos pasados. Encara en las prácticas. Despierta aplausos de sus compañeros, esos que juegan en Europa y que tienen al lado a bestias de este deporte todos cotidianamente.

Debuta ante Rusia en un amistoso. La toca, se la lleva, desborda, centro y gol de Agüero. Lo mismo al siguiente partido, ya de titular ante Nigeria. Messi, ese como el que jugaba Kichán a los 8 años, lo abraza y lo señala. "Él", le dice al mundo y a Sampaoli, que tomó nota. En la despedida en la Bombonera ante Haití se sintió como en casa. Hizo de las suyas por la izquierda y le sirvió el gol a Leo. "Cristian te da algo diferente, vive picando al espacio a espaldas de los laterales, de los centrales. Hace la diferencia, es muy rápido. Es diferente", le puso la firma el 10.

Debuta en un Mundial. El sábado pasado. Apenas 15 minutos jugó. La toca, encara y le hacen penal. El árbitro no lo ve. Lionel, con su bronca y culpa a cuestas por errar el penal, igual lo aplaude. El capitán de la Argentina ya sabía en ese momento lo que se venía. También el resto de sus compañeros. Y el cuerpo técnico también. El pedido de muchos hinchas fue escuchado al fin.

 

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