viernes, agosto 29, 2025

El Presupuesto 2019 define la suerte de la última etapa del gobierno de Macri

El Presupuesto por programas es una metodología de la administración pública que sirve básicamente para planificar cuánto y cómo va a gastar el Estado en el año que se inicia. Es una herramienta fundamental para la toma de decisión y para la posterior evaluación de las políticas públicas que se implementan.

Si tenemos un problema (ejemplo, brote de Sarampión) el ministerio de Salud, a través de la dirección correspondiente tiene que informar cuántas vacunas necesita para una campaña de vacunación y por lo tanto cuánto dinero va a usar. Eso debe constar en una partida presupuestaria aprobada en el Congreso. Luego, cuando el ministro de Hacienda (en este caso Dujovne) tiene que ajustar, va a saber que no puede tocar la plata para ese ítem porque es para vacunas. Hoy, recorta partidas que ni sabe qué son y luego las vacunas faltan.

El Presupuesto debería establecer las prioridades del gobierno para el año que se inicia. Y esas prioridades están basadas en supuestos económicos (crecimiento, inflación, recaudación, etc). Hoy nadie puede asegurar que los supuestos (optimistas) sobre los que se armó el Presupuesto 2019 sean realistas. Tampoco la oposición puede asegurar que sus supuestos (pesimistas) vayan a ser ciertos. Se armó un pre-supuesto con bases muy poco sólidas, como la actualidad de la economía argentina.

Es en este contexto que se va a debatir este miércoles el Presupuesto nacional 2019. La discusión no va a ser sobre los programas sino sobre “los supuestos”. Y como nadie puede ofrecer “supuestos” más certeros, entonces se va a discutir sobre política.

El Gobierno argumenta, con razón, que a ellos los votaron para gobernar y que tienen derecho a tener su presupuesto. Las políticas económicas son claras: la prioridad es ir hacia el déficit cero (primario) para bajar el riesgo argentino, bajar la inflación, generar inversiones, generar empleo y ser felices (eso lo digo yo).

La oposición plantea (con sus matices) que el ajuste es grande, que eso traerá contracción de la actividad económica, que va a bajar la recaudación (40 mil millones de pesos por cada punto que cae el PBI, calculan), que eso va a obligar a ajustar más o a endeudarse más o a generar más inflación y así sucesivamente. Y por supuesto, no vamos a ser felices (eso también lo digo yo).

En el medio, algunos opositores hacen el siguiente cálculo político. “Si no les votamos el Presupuesto, van a decir que el pueblo no fue feliz por nuestra culpa”. Por eso, aunque todos (dicen que) están en contra, algunos van a darle una mano al Gobierno para que tenga su presupuesto.

Así, no será extraño que durante la jornada de hoy algunos diputados viajen a sus provincias, o se vayan al baño a la hora de votar o le pongan el pecho a las balas y lo aprueben aunque no estén muy de acuerdo.

También están en juego las relaciones con las provincias. Con un presupuesto ordenado (y aprobado) los giros de fondos tienen mayor fluidez. En cambio, sin presupuesto el Ejecutivo tiene más margen para usar el dinero a su discreción. No le conviene a nadie.

En Cambiemos creen que los votos fundamentales van a llegar de la mano de partidos provinciales o semiprovinciales como Misiones, Santiago del Estero, Río Negro, Neuquén… Quizás Chubut. También descuentan el apoyo de los salteños (ojo que Javier David con aspiraciones de gobernador difícilmente vote) y los entrerrianos y chaqueños que responden a sus gobernadores.

El Gobierno tiene dos objetivos. El primero conseguir rápidamente el quórum para evitar que la discusión se dilate. El segundo, lograr unos 135 votos para poder mostrarle al FMI un cierto apoyo político a su programa. El kirchnerismo y el massismo van a rechazar. El peronismo federal quiere apoyar con lo justo.

La suerte ya está echada. Con el presupuesto se define lo que puede ser un punto de inflexión en la crisis. Si se aprueba, el Gobierno no podrá echar culpas en caso de que los resultados no lleguen.

Fuente: A24.

Más Información