viernes, enero 2, 2026

Padre Barros: “Por primera vez, hay una clase media empobrecida que pide ayuda”

El referente de Cáritas Posadas y párroco de Sagrada Familia habló con Códigos sobre la situación social, el rol de la Iglesia y el legado de Francisco. Aseguró que “hay una realidad inédita: trabajadores formales que ya no llegan a fin de mes”, dijo refiriéndose a la crisis económica nacional del Gobierno de Javier Milei.

Con 13 años al frente de la parroquia Sagrada Familia y más de una década dirigiendo Cáritas Posadas, el padre Alberto Barros es una de las voces más respetadas de la Iglesia misionera. El sacerdote advirtió sobre una situación que define como “dolorosa y sin precedentes”: “Por primera vez vemos a personas de clase media y jubilados que se acercan a Cáritas para pedir ayuda. Antes venían a colaborar; hoy vienen a buscar un medicamento o solicitar asistencia para pagar la luz”, remarcó ante el escenario nacional que repercute de manera directa en Misiones.

Según Barros, esta nueva realidad desdibuja las viejas categorías sociales. “Hay gente con empleo formal, en blanco, que cobra todos los meses, pero no le alcanza para vivir. Eso también es pobreza”, afirmó.

“Las estadísticas no muestran la verdad”

El sacerdote cuestionó la forma en que se mide la pobreza en la Argentina. “El INDEC dice que no sos pobre si ganás un millón doscientos mil pesos, pero una familia con ese ingreso no puede vivir dignamente. No lo invento yo, lo vemos todos los días”, planteó.

Para Barros, el sistema de medición “debe cambiar, porque con números irreales no se pueden diseñar políticas públicas efectivas”.

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También señaló que los informes oficiales suelen ocultar la magnitud del problema. “Si creemos que la pobreza bajó, dejamos de actuar. Y eso es lo peor que puede pasarnos como sociedad”, advirtió.

Desde su rol en Cáritas, Barros asegura que la tarea solidaria se amplió mucho más allá de la asistencia material. “La caridad no es solo dar comida o ropa. Hablamos de promoción integral: acompañamos en salud, educación, adicciones, microemprendimientos y hasta viviendas sociales”, explicó.

El cura destacó además la colaboración con organismos del Estado y recordó gestiones conjuntas con el Ministerio de Salud de Misiones para resolver emergencias médicas. “Cuando hay voluntad y empatía, se pueden salvar vidas”, valoró.

Las adicciones, un drama transversal

Otro de los temas que abordó fue el trabajo con personas que enfrentan problemas de consumo. “Mucha gente prefiere hablar con un sacerdote antes que con su propia familia. Hay vergüenza, miedo al rechazo, y todavía pesa el estigma social”, reconoció.

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Barros aseguró que las adicciones atraviesan todos los estratos sociales. “No es un tema solo de los barrios pobres. Hay jóvenes de sectores altos con las mismas heridas. El dolor no distingue clases”, sostuvo.

“Francisco fue el Papa que mejor interpretó a Jesús”

Con profunda admiración, el sacerdote se refirió al legado del Papa Francisco, de quien destacó su “visión humana y su corazón abierto. “Nos mostró un Dios que recibe a todos, sin excluir a nadie. Fue el Papa de los pobres y de la misericordia. En Argentina no terminamos de valorar lo que nos dejó”, afirmó.

Para Barros, el pontífice argentino “abrió la Iglesia al mundo” y marcó un camino que “llevará generaciones asimilar”. “Muchos lo criticaron porque no entendieron que su mensaje era simple: nadie debe quedar afuera”, agregó.

En el plano local, el padre Barros destacó el trabajo del obispo Juan Rubén Martínez, a quien conoce desde su juventud. “Ha tenido una fuerte impronta en la educación y en el acompañamiento a Cáritas. Siempre nos respaldó en cada tarea”, dijo.

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Aunque reconoció que en ocasiones han tenido diferencias, aseguró que “esas discusiones también nacen de la confianza y del deseo de mejorar”.

Esperanza y realismo para el 2026

De cara al futuro, el párroco sostuvo que la fe no puede perderse, incluso en tiempos difíciles. “La esperanza es una virtud que nos impulsa a creer en algo mejor, aunque sepamos que el panorama es duro”, reflexionó.

No obstante, fue contundente al describir el presente: “La situación social es crítica. Crecen las adicciones, los suicidios, los problemas de salud mental y el desempleo. Pero aún así, seguimos trabajando con los pies en la tierra y el corazón en Dios”.

En el tramo final de la charla, el sacerdote se definió. “Soy una persona como cualquier otra, con aciertos y errores, pero profundamente amada por Dios. Él me tiene una infinita paciencia”, dijo entre risas. Y concluyó: “No hay amor a Dios sin amor al prójimo. Esa es la única forma de transformar la realidad”.

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