La caída del poder adquisitivo comenzó a reflejarse cada vez con más fuerza en la vida cotidiana de los trabajadores, especialmente en su alimentación diaria. Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que el 83,5% de los asalariados enfrenta algún tipo de privación alimentaria durante la jornada laboral.
El estudio señala que solo el 16,5% de los trabajadores logra mantener una alimentación adecuada mientras trabaja. En la mayoría de los casos, las dificultades económicas llevan a saltear comidas, elegir alimentos más baratos o combinar ambas estrategias para reducir gastos.
Según los datos del relevamiento, el 61,1% de los trabajadores reconoce que en algún momento deja de comer durante su jornada laboral por motivos económicos, mientras que el 78,5% afirma que opta por alimentos de menor calidad nutricional para abaratar costos.
La situación se vuelve aún más compleja cuando estas prácticas se combinan. El informe indica que el 56,2% de los trabajadores come menos y, además, consume productos de menor valor nutricional, lo que refleja un deterioro significativo en los hábitos alimentarios vinculados al trabajo.
El salario, clave en la calidad de la alimentación
El estudio se basó en 1.171 encuestas realizadas a trabajadores asalariados de todo el país, en el marco de un trabajo conjunto entre el Observatorio de la Deuda Social de la UCA y la empresa Edenred.
Los resultados muestran una relación directa entre el nivel de ingresos y la calidad de la alimentación. Entre quienes perciben hasta 800.000 pesos mensuales, el 86,7% asegura que compra alimentos menos nutritivos para poder sostener su jornada laboral.
En cambio, entre quienes superan los dos millones de pesos de ingresos, ese porcentaje desciende al 63,5%, lo que evidencia cómo el nivel salarial influye directamente en las decisiones alimentarias cotidianas.
Jóvenes y mujeres, entre los más afectados
El informe también identifica a los grupos más vulnerables frente a esta problemática. Los jóvenes de entre 18 y 29 años presentan los niveles más altos de privación alimentaria: el 70,7% admite que suele saltear comidas durante el día.
La situación también afecta con mayor intensidad a mujeres y trabajadores no calificados, donde los indicadores de vulnerabilidad alimentaria se ubican por encima del promedio general.
Por último, el relevamiento advierte que la privación alimentaria durante la jornada laboral se registra con mayor frecuencia entre empleados del sector público que en el privado, un dato que refleja el fuerte impacto del deterioro del salario real en la vida cotidiana de los trabajadores.
