El entramado productivo argentino atraviesa un marcado deterioro: 22.608 empresas cerraron desde noviembre de 2023, tras la asunción de Javier Milei, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. El fenómeno dejó de ser aislado y se consolidó como una tendencia sostenida, con 15 meses consecutivos de caída mensual y 22 bajas interanuales seguidas. Solo en el último bimestre de 2025 desaparecieron 1.562 firmas con al menos un trabajador.
La magnitud del retroceso ya enciende alertas. De acuerdo con un análisis de Fundar, la caída del número de empresas es comparable a la registrada durante la pandemia. En el último año se perdieron 10.392 unidades productivas (-2,1%), mientras que la baja acumulada desde el inicio de la actual gestión alcanza el 4,4%, configurando el peor desempeño en los primeros 25 meses de gobierno desde 2003.
El deterioro ocurre en paralelo a una recuperación económica desigual. Aunque la actividad creció 4,4% en 2025, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, ese repunte fue impulsado principalmente por sectores como el agro, el petróleo, la minería y las finanzas, sin trasladarse al resto del tejido productivo ni al empleo.
En ese sentido, el mercado laboral muestra señales negativas: el empleo registrado cayó 1% interanual en 2025, lo que equivale a 106.200 puestos menos, según la Secretaría de Trabajo de Argentina en base al SIPA. Desde el inicio de la gestión, la pérdida asciende a 288.815 empleos formales, en parte compensados por el crecimiento del monotributo.
El impacto se extiende a toda la estructura productiva. Casos como el cierre de la planta de FATE en San Fernando, afectada por el avance de importaciones, o los despidos en firmas como Newsan, Whirlpool y Quilmes evidencian una crisis transversal.
Entre los factores que explican este escenario, distintos análisis coinciden en tres ejes: atraso cambiario, apertura de importaciones y caída del consumo interno, una combinación que debilita la producción local. De hecho, más del 54,1% de las empresas industriales reporta niveles de pedidos por debajo de lo normal, según el INDEC, lo que refleja la fragilidad del mercado interno.
A esto se suma un bajo nivel de actividad industrial: la capacidad instalada se ubica en el 53,6%, el peor inicio de año desde 2002. En paralelo, un relevamiento de la Unión Industrial Argentina señala que el 45,6% de las empresas tiene dificultades para afrontar pagos y el 22,2% redujo personal, evidenciando tensiones financieras generalizadas.
Mientras el Gobierno sostiene que el ajuste es necesario para estabilizar la economía y apuesta a una recuperación futura basada en la baja de la inflación, distintos sectores advierten sobre el riesgo de un deterioro estructural del aparato productivo, en un contexto donde la reactivación aún no se traduce en mejoras concretas para la industria y el empleo.
