Por Nicolás Marchiori
La expresión nudo gordiano se utiliza con frecuencia para hacer referencia a un problema complejo que a la vista parece imposible de resolver. El origen del término se remonta a un emblemático episodio de la vida del gran estratega militar y conquistador Alejandro Magno.
Fue Plutarco, el célebre historiador griego, quien narró esta particular historia en su obra “Las vidas paralelas”. Según la leyenda, Gordias, el rey de Frigia (actual Anatolia, en Turquía), luego de ser coronado, ofreció su carro como ofrenda a Zeus, atando la lanza y el yugo con un nudo imposible de desatar.
El oráculo de la ciudad pronosticó más tarde, que quien desatara el nudo conquistaría todo el Oriente.
A partir de ese momento, muchos se acercaron al Templo de Zeus pero ninguno pudo nunca desatar ese nudo. La leyenda creció, año tras año, hasta extenderse por todas partes.
Cuatro siglos más tardes, Alejandro Magno, pasó por Gordión -la ciudad que Gordias erigió en honor y agradecimiento a Zeus- y los sacerdotes del templo lo desafiaron a resolver el problema. Desde ese mismo instante, el nudo se convirtió para Alejandro en una prueba de su capacidad para superar obstáculos aparentemente insuperables.
El conquistador macedonio observó, consultó y decidió tomar una decisión radical. En lugar de perder tiempo tratando de resolver el enigma de manera convencional, desenvainó su espada y cortó el nudo de un sólo tajo, diciendo al instante: “tanto monta cortarlo que desatarlo”. Los asistentes al hecho quedaron estupefactos. Este acto audaz y simbólico demostró su enfoque pragmático y su habilidad para tomar decisiones rápidas y efectivas. Al cortar el nudo, Alejandro no solo resolvió el problema, sino que también cumplió con la profecía, consolidando su reputación como líder decidido y visionario.
La historia cuenta que aquella noche Zeus, sorprendió a la ciudad de Gordias con una gran tormenta de truenos y relámpagos. Estaba claro, Zeus bendecía así el camino de Alejandro Magno. Fiel a la leyenda, y tal como había sido anunciado, Alejandro llegó a “conquistar Asia”.

Qué significa el nudo gordiano trasladado a la realidad de Misiones
Tal como expresamos al comienzo, el nudo gordiano representa en su esencia un obstáculo que parece insuperable, un desafío que requiere ingenio o una decisión disruptiva para superarlo. La historia protagonizada por Alejandro Magno nos recuerda que, a veces, las soluciones más eficaces no son las más evidentes, y que la creatividad y la audacia pueden ser claves para resolver problemas en contextos que lucen complicados.
El contexto actual puede interpretarse como un verdadero nudo gordiano. Una crisis que atraviesa transversalmente a una sociedad que reclama un gesto de la política que luce en gran parte ensimismada, abstraída del padecimiento de la gente que sufre día a día el deterioro de su calidad de vida y ve con resignación que no hay un horizonte en donde se vislumbre una mejoría.
Un vasto sector de la dirigencia vive en modo campaña permanente tirando al aire eslóganes vacíos y haciendo análisis de la realidad con críticas furibundas pero sin ofrecer soluciones alternativas. La gente necesita retomar el camino de la esperanza, pero para ello deben existir propuestas que ilusionen y que permitan creer que un futuro mejor es posible.
Ese nudo gordiano que representa la situación actual del país y la provincia parece haber sido analizado por el líder misionero Carlos Rovira, quien con la disrupción y audacia de Alejandro Magno de hace más de 2350 años parece haberlo resuelto. El llamado al “gran encuentro de los misioneros”, es consigna que sacude el status quo.
Convocar a un “Encuentro Misionero” en estos tiempos, es la mayor muestra de generosidad y coraje a la vez. La consigna es tan potente como esperanzadora, pues se trata de un espacio que se reinventa y se abre a la integración con otras expresiones políticas que coincidan en el objetivo de atender y resolver los problemas de los misioneros frente a un complejo escenario nacional.
El espíritu sigue siendo el mismo que forjó las bases del espacio conducido por Rovira allá por 2003: no importaba de donde venían sino hacia dónde querían ir.
El espíritu del Misionerismo se puede resumir en un principio fundamental de la psicología de la Gestalt: “el todo es más que la suma de sus partes”.
El inicio de este nuevo tiempo político está marcado por la fuerza del coraje misionero que convoca a todos para delinear un proyecto político que permita superar no sólo la crisis económica, sino un estado de estancamiento social producto de la pérdida de esperanza y expectativas.
