El histórico acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea comenzó a regir de manera provisional desde este viernes, marcando un hito en el comercio mundial después de más de dos décadas de negociaciones.
Después de la firma el 17 de enero en Paraguay, el Congreso convirtió en ley el histórico acuerdo comercial el 26 de febrero, poniendo fin a más de 25 años de negociaciones y abriendo una nueva etapa en la relación birregional. Sobre el filo del cierre del período de sesiones extraordinarias, el Senado le dio sanción definitiva con 69 votos a favor y 3 en contra, en una sesión atravesada por fuertes tensiones y una disputa por quién quedaba primero en la carrera de la ratificación.
Así las cosas, la UE eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones del MERCOSUR por un valor aproximado de u$s61.000 millones. Además, otorgará acceso preferencial para otro 7,5% -equivalente a u$s 4.700 millones- y así beneficiará a casi la totalidad de las exportaciones del bloque a la UE, se informó oficialmente. De esta manera, el pacto da forma a un mercado transatlántico de enorme escala, con un valor estimado de u$s22 billones y un universo que alcanzaría a cerca de 720 millones de consumidores.
En ese marco, algunos países proyectan que sus exportaciones podrían crecer más de un 10% hacia 2038, cuando el convenio alcance su implementación plena.
La decisión de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de ponerlo en vigencia de forma provisional abrió un nuevo frente de polémica entre las partes: legisladores europeos recurrieron a la Justicia comunitaria para impugnar la medida, y un eventual fallo adverso podría dejar el acuerdo en suspenso.
“Se trata de una buena noticia para empresas, consumidores y agricultores europeos, que accederán a nuevas oportunidades de exportación con protección para los sectores sensibles”, afirmó Von der Leyen en la previa de la entrada en vigor.
Como gesto político para dar el puntapié inicial a esta etapa sin precedentes, la titular del Ejecutivo europeo tenía previsto mantener una videoconferencia con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, los líderes de los países del Mercosur.
Uno de los principales impulsores del acuerdo es el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien firmó esta semana el decreto de ratificación en su país. El mandatario enmarcó la decisión como una respuesta al giro proteccionista impulsado por el expresidente estadounidense Donald Trump y como una defensa del multilateralismo.
“Nada mejor que creer en la democracia, en el multilateralismo y en las relaciones cordiales entre las naciones”, sostuvo Lula durante un acto en Brasilia. Brasil, con un PBI proyectado superior a los 2,3 billones de dólares para 2025, se posiciona como la principal economía del Mercosur y uno de los grandes beneficiarios potenciales del entendimiento.
En términos económicos, las expectativas están puestas en un fuerte impulso a las exportaciones sudamericanas, especialmente en rubros como carne vacuna, frutas y minerales. Del lado europeo, sectores como la industria automotriz, farmacéutica y tecnológica anticipan una mayor penetración en los mercados del Mercosur.
Aun así, el acuerdo no está exento de resistencias. Agricultores europeos y organizaciones ambientalistas cuestionaron sus implicancias, lo que ya había provocado demoras en su tratamiento antes de su elevación al máximo tribunal del bloque.
El acuerdo tiene prevista una eliminación gradual de aranceles y barreras comerciales entre ambos bloques, aunque contempla cláusulas de salvaguarda que permitirán a la Unión Europea proteger sectores considerados vulnerables ante eventuales desequilibrios comerciales.
