El femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años asesinada por su novio en 2015 en Rufino, prendió la mella que desencadenó el movimiento de Ni Una Menos.
Hoy 11 años después, la realidad podría ser diferente pero no lo es: un nuevo informe del Observatorio Ahora Que Si Nos Ven reveló que el de todas las víctimas menores de 17 años, el 76% tenía menos de 15 años. A esta lista se suma el femicidio de Agostina Vera que conmovió al país durante la última semana y nuevamente dejó a la vista un sistema que no funciona y la desprotección con la que viven las mujeres e infancias a diario.
Según el relevamiento, el 30% de las víctimas tenía entre 0 y 5 años; el 19% entre 6 y 10 años, y el 27% entre 11 y 15 años. A diferencia de los femicidios de mujeres adultas, donde el agresor suele ser una pareja o ex pareja, en el caso de las niñas y adolescentes la realidad es otra y en el 34,6% de los casos, el femicida fue parte del entorno familiar. Más de un tercio de estos crímenes ocurren en entornos que deberían ser de cuidado y protección, lo que limita drásticamente las posibilidades de las víctimas para pedir ayuda o denunciar.
Mientras que el abuso sexual previo al femicidio afecta al 3% de las víctimas adultas, esa cifra se dispara al 19% en niñas y adolescentes. Además, el 22% de ellas fue desaparecida previamente a ser hallada sin vida, una "ventana de oportunidad" donde el Estado suele llegar tarde. "Que más de dos de cada diez víctimas menores de 17 años hayan estado desaparecidas previamente evidencia que existieron instancias previas en las que una intervención rápida y coordinada podría haber resultado decisiva para proteger sus vidas", expresó Raquel Vivianco, coordinadora del Observatorio en diálogo con C5N.
En la última semana la desaparición seguida de femicidio de Agostina Vega trajo críticas al accionar de la Policía y la Justicia de Córdoba, recién el miércoles 27 se activó la Alerta Sofía, diseñada para coordinar la búsqueda y localización urgente de niños, niñas y adolescentes desaparecidos que corren un riesgo inminente para su vida, cuatro días después de la noche del 23 de mayo que se la vio por última vez.
“La desaparición de niñas y adolescentes debe ser abordada como una situación de máxima urgencia desde el primer momento, sin esperar plazos ni minimizar los riesgos”, reclamó Vivianco.
En esta línea, la referente exigió: "Es necesario fortalecer los mecanismos de búsqueda inmediata, la articulación entre fuerzas de seguridad, justicia, organismos de niñez y áreas especializadas en violencia de género, así como incorporar una perspectiva de género y de infancia en cada actuación. Estos casos también nos muestran la importancia de escuchar y tomar en serio las denuncias realizadas por familiares y entornos cercanos".
Ante este escenario, el informe del Observatorio advierte con urgencia sobre el retroceso en políticas públicas. La Ley de Educación Sexual Integral (ESI) es señalada como la herramienta central para que niños y adolescentes identifiquen abusos y violencias.
Al respecto, Vivanco advirtió que estas niñas enfrentan la violencia en ámbitos donde deberían estar protegidas. “Cuando el agresor es un familiar o una persona del entorno cercano, las posibilidades de pedir ayuda se reducen drásticamente”, explicó la coordinadora.
En este contexto, defiende la importancia de la ESI como una barrera de detección: “La Educación Sexual Integral cumple un rol fundamental porque brinda herramientas para identificar situaciones de abuso, reconocer vulneraciones de derechos y saber a quién recurrir”.
Ante el actual escenario de ajuste y desmantelamiento de programas, Vivanco aseguró que "la prevención no comienza cuando ocurre un femicidio, sino mucho antes, garantizando derechos, construyendo redes de cuidado y fortaleciendo la presencia del Estado allí donde las violencias suelen permanecer ocultas".
