martes, junio 9, 2026

Especialistas confirman que el miedo al paso del tiempo puede acelerar el envejecimiento

La llamada cronofobia, entendida como el miedo irracional y desproporcionado al paso del tiempo, no está reconocida como un trastorno clínico específico, pero sí se utiliza para describir una preocupación creciente por el envejecimiento y sus consecuencias. Especialistas sostienen que esta forma de angustia temporal tiene efectos que van más allá de lo emocional.

El investigador en Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Málaga, Jorge Romero-Castillo, explicó que una de las expresiones más estudiadas de este fenómeno es la ansiedad ante el envejecimiento. Entre los factores que la alimentan aparecen el temor al deterioro físico, la pérdida del atractivo y los cambios asociados al avance de la edad.

Según el especialista, esta preocupación suele afectar con mayor intensidad a las mujeres debido a las presiones socioculturales relacionadas con la imagen corporal. La necesidad de ajustarse a determinados estándares de juventud genera una vigilancia constante sobre la apariencia y aumenta los niveles de estrés sostenido.

A ello se suma una visión “edadista” presente en distintos ámbitos de la sociedad, donde los cuerpos envejecidos, especialmente los femeninos, son percibidos como menos valiosos. Esta presión permanente puede derivar en malestar psicológico y en una sensación de insatisfacción difícil de revertir.

Los expertos advierten que, de manera paradójica, el miedo a envejecer podría acelerar el propio proceso de envejecimiento. Esto ocurre porque el estrés crónico tiene efectos sobre la epigenética, el mecanismo mediante el cual ciertos genes se activan o desactivan en respuesta a factores ambientales.

Romero-Castillo señaló que mantener durante largos períodos estados de alerta y ansiedad provoca un desgaste biológico acumulativo. Diversas investigaciones demostraron que experiencias estresantes sostenidas pueden dejar huellas en el organismo y aumentar la vulnerabilidad a problemas de salud física y mental.

En ese sentido, un estudio realizado con 726 mujeres encontró que el estrés asociado al envejecimiento, especialmente el temor al deterioro de la salud, se relaciona con un envejecimiento epigenético acelerado. Los resultados fueron medidos mediante el biomarcador DunedinPACE, utilizado para evaluar la velocidad del desgaste fisiológico.

Los investigadores concluyen que las preocupaciones sobre el paso del tiempo no son únicamente pensamientos o emociones, sino experiencias que también se manifiestan en el cuerpo. La mayor conciencia sobre los cambios físicos puede alimentar un círculo de angustia y estrés que, con el tiempo, deja marcas biológicas duraderas y contribuye a acelerar el envejecimiento del organismo.

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