Un estudio internacional publicado en la revista Science Advances advirtió sobre el creciente impacto de las altas temperaturas en la infancia. En Argentina, unos 443 mil niños de entre 0 y 9 años atraviesan al menos 30 días adicionales por año de estrés por calor húmedo extremo asociado al cambio climático.
La investigación, realizada por especialistas de la Vrije Universiteit Brussel (VUB), dimensionó el fenómeno a escala mundial. Actualmente, al menos 560 millones de chicos de hasta 9 años, equivalentes al 43% de ese grupo etario, soportan un mes o más de estas condiciones durante el año.
Las proyecciones muestran que el problema podría profundizarse en Argentina. Con un calentamiento global de 1,5 °C, la cantidad de menores afectados ascendería a 684 mil, mientras que ante un incremento de 2 °C alcanzaría los 731 mil, cerca del 12% de esa franja de edad.
Los investigadores señalan que los niños, especialmente los menores de 5 años, se encuentran entre los sectores más vulnerables porque su sistema de termorregulación todavía está en desarrollo. Esta condición puede dificultar la adaptación del organismo frente a temperaturas elevadas y aumentar el riesgo de deshidratación y otros problemas de salud.
El informe también pone el foco en los adultos mayores. Las muertes asociadas al calor entre personas de más de 65 años aumentaron un 85% entre comienzos de la década de 2000 y finales de la de 2010. El envejecimiento demográfico podría incrementar todavía más la cantidad de personas expuestas a niveles peligrosos durante las próximas décadas.
Frente a este escenario, especialistas plantean la necesidad de adaptar escuelas, hospitales y espacios comunitarios. Entre las medidas propuestas aparecen mayor disponibilidad de agua potable, refugios climáticos, ventilación adecuada, incorporación de árboles nativos y superficies con sombra, además de reducir la exposición al asfalto y al cemento durante episodios de temperaturas extremas.
En Argentina, la bióloga Irene Wais destacó además la importancia de contar con alertas tempranas y protocolos comunitarios para anticipar estos fenómenos. También señaló la necesidad de fortalecer la capacitación ambiental de los funcionarios y avanzar con políticas preventivas frente a un escenario en el que el calor extremo podría alcanzar progresivamente a una mayor proporción de la población.
