miércoles, diciembre 8, 2021

Día del Podólogo y del Pedicuro: ¿por qué se celebra hoy en el país?

Posiblemente, el esclavo Cayus haya sido uno de los primeros pedicuros del mundo. En la Antigua Roma, cobró fama por cuidar de los pies de Popea, la esposa del emperador Nerón. Hoy, en su día y con siglos de ganado prestigio, se los llama Podólogos cuando se reciben en la facultad y pueden tratar problemas del pié como ayudantes de la medicina.

Y se los llama pedicuros, cuando tienen el oficio estético de cuidar el pie pero no pueden tratar enfermedades porque no estudiaron en la Facultad de Medicina. Pero tantos pedicuros como podólogos celebran hoy en Argentina porque es una fecha que los une a todos.

En aquellos años de la Roma de Nerón, quienes atendían los pies de la gente comenzaron a ser conocidos como “callistas”. A principios del siglo XIX, en Buenos Aires, los periódicos publicaban anuncios de “callistas”, denominación que permanece en España, para quienes realizan estética de pie, por ejemplo.

Sin embargo, pasarían varias décadas hasta que la profesión comenzara a organizarse en el país. Día del Podólogo y del Pedicuro: ¿Por qué se celebra hoy 3 de noviembre en Argentina?

Dos años antes de que la Asociación Americana de Medicina (AMA) reconociera oficialmente a la podología, en el salón de actos del diario Crítica, en Buenos Aires, un grupo de profesionales ponía las bases de la Liga Argentina de Pedicuros.

De esta manera, el 3 de noviembre de 1937, 35 pedicuros daban forma a la entidad con “dos propósitos: ser reconocidos como auxiliares de los médicos y crear una escuela universitaria”, según recuerda Federico Saldarini, ex presidente de la Asociación Argentina de Podólogos.

La Liga no solo fue la primera entidad que representó a la profesión en el país, sino la primera de Sudamérica. “Gracias a las gestiones de la Asociación, en 1949, en el Hospital de Niños de La Plata, comenzó a dictar sus cursos la Escuela Oficial de Pedicuros”, agrega Saldarini. Sin embargo, pasarían algunos años hasta que la enseñanza universitaria fuera una realidad.

Este objetivo se alcanzó en 1971, cuando, en la Universidad de Buenos Aires (UBA) inició el curso de auxiliares de Podología. Ese mismo año, la Asociación Argentina de Pedicuros cambió su nombre por el de Asociación Argentina de Podólogos.

En 1976 la UBA creó la Escuela Universitaria de Podología, en la Facultad de Medicina, que recibió a sus primeros alumnos en marzo de dicho año y tuvo sus primeros egresados en noviembre de 1977, porque era una carrera de dos años.

Saldarini fue uno de esos primeros egresados como podólogo, por la UBA, y luego tuvo una destacada trayectoria en la Asociación. Ahora, es jefe del Servicio de Podología del Hospital Municipal de Vicente López.

“La podología, como actividad de colaboración de la medicina, se encarga de las dolencias de los pies, no solo de la parte estética. Cabe destacar, que en muchos salones de belleza y peluquerías trabajan pedicuros, que no tienen matrícula del Ministerio de Salud Pública que los autorice a realizar tratamientos podológicos, y solo pueden hacer belleza de pie”, explica Saldarini.

Ahora, la tecnicatura y la licenciatura se dictan en la Facultad de Medicina de la UBA y en otras instituciones del país, como la Universidad Nacional del Litoral (UNL), en Santa Fe y Rosario, la Universidad del Gran Rosario (de la cual también es egresado Saldarini) y la Universidad Católica de Salta, entre otras.

Si bien la Argentina fue pionera en aglutinar a los pedicuros en una entidad, Saldarini recuerda que Uruguay estableció las primeras reglamentaciones y la primera institución universitaria, en 1968.

En cuanto a las dolencias de los pies, algunas de las más comunes son onicocriptosis, más conocida como “uña encarnada”; la verruga podal, producida por el virus del papiloma humano (HPV); el heloma interdigital u “ojo de gallo” y el pie diabético.

También se destaca el estudio biodinámico de la marcha, que permite la captación de la huella plantar mediante 3000 puntos de presión. Los especialistas aconsejan este estudio en diabéticos, para evitar futuras lesiones relacionadas con el pie diabético. Además, como diagnóstico de la impronta plantar en la población en general, para confeccionar plantillas que pueden prevenir alteraciones ortopédicas.

Fuente: Clarín

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