Editorial de Revista Códigos: El hombre clave

Frente a las elecciones legislativas de medio término las maquinarias electorales ajustan detalles en pos de elevar la performance obtenida en las PASO. La torta de votantes será la misma, así que algunos perderán lo que otros ganarán, y en esa lógica sobrevivirán los más aptos.

Esa percepción cuasi darwiniana se desarrolla sin embargo sin agresiones. Los tiempos de ánimos caldeados devinieron en otras prácticas, no tan viscerales, más moderadas pero no por ello menos efectivas.

Quizás no se llegue a notar ahora de manera tan clara, pero se percibe que se irá recordando al actual período proselitista como una bisagra, una bifurcación de tiempos y modas. Cambiaron los modales.

No hay agresiones personales, y ese es un buen primer punto. La campaña -casi sin nombres propios- antepone modelos, proyectos e ideas macro. Ya no se ven el “gorro, bandera y vincha”, con ese perfil futbolero, y tampoco actos multitudinarios. Es probable que la pasión, esa veta inherente al ser humano, se revele en otros ámbitos, pero la política de hoy es más racional.

Pero esa suerte de despojo emocional no afecta el ánimo militante, eso es otra cosa. Por el contrario, la conducción del Frente Renovador revaloriza el “cara a cara” a pesar de la hegemonía de las redes sociales. La campaña electoral moderna, post dictadura cívico militar, tuvo su giro en los ‘80 con la mediatización de la campaña electoral de Raúl Alfonsín. Fue un cambio de paradigma. Un segundo giro, en tanto, deberá reconocerse con la irrupción de las redes sociales y la profesionalización de la cibermilitancia. La caricatura del viejo puntero barrial se delinea hoy detrás de un Smartphone.

La Renovación fortalece algunos conceptos básicos puertas adentro, y vuelve a hacer punta hacia afuera ya que el resto de las fuerzas adoptan posturas semejantes. Se puede recordar la desestimación de las internas partidarias, la presencia de jóvenes en puestos de decisión y en las listas electorales, o la propuesta de la cercanía con la gente, entre varias otras iniciativas. Casi siempre criticadas, estas medidas -más temprano que tarde- se fueron haciendo parte de las estrategias opositoras.

Se puede observar algo así en la campaña de Cambiemos. Desde el plano nacional, los hombres de decisión de la estrategia PRO remarcaron la necesidad de “corpororizar” la militancia, de llevarla más allá de las redes reforzando los timbreos y las charlas con los ciudadanos, y esa línea se repite en todas las jurisdicciones del país.

En el plano provincial, los hombres de “Avancemos” dejan en claro el trabajo territorial, también apuntando al contacto personal, y la misma idea lleva adelante el Partido Agrario y Social (PAyS), fundamentalmente en las áreas rurales y la costa del alto Uruguay.

 

El equilibrio justo

La Renovación despliega su campaña más despersonalizada, bajo la clara idea de que lo que se pone a consideración del electorado es un proyecto, el Misionerismo, que tiene numerosas características propias, pero que hoy encuentra en el Gobernador de Misiones la síntesis de un modelo y un estilo de gestión.

Su llegada a la magistratura provincial encontró un panorama diferente al esperado. El cambio de signo político nacional, y de su propuesta social y económica, obligó a reconsiderar algunas variables, ante cierta incertidumbre.

El tiempo pasó, y gracias al perfil de Passalacqua el rumbo de la provincia se mantuvo en línea. Es que el mandatario encontró un equilibrio justo entre el hombre que no va al choque pero mantiene con firmeza la defensa de los intereses de los habitantes de la tierra colorada. Frente a una economía complicada en su nivel macro, acá se mantuvo la postura de un Estado presente que favorece en lo posible el mantenimiento de los niveles económicos y que tiene al empleo como principal herramienta para la paz social.

Lo plantea Passalacqua en reiteradas oportunidades: hay temas, intereses y decisiones que son in-ne-go-cia-bles. Así, con esa precisión, puertas adentro y puertas afuera. El gobernador forjó una presencia que se reconoce a nivel nacional, y que comienza a dar frutos mientras en otros lugares se consolida la distancia y el conflicto.

 

Temas innegociables

Algunos temas con números objetivos dan cuenta de un presente complejo. Sin comprar primera fila en la pelea por los índices oficiales, los datos macroeconómicos no reparan en grandes cambios, y eso nos afecta. Mientras no se retoque la paridad cambiaria la situación de asimetría de frontera no se modificará.

Pero por su parte, hay también medidas alentadoras. Desde la Nación se esperan anuncios históricos para el sector foresto industrial, que en Misiones representa una porción del PB muy importante. Hugo Passalacqua pondera la existencia de un Estado fuerte y si bien algunos estratos liberales braman, el circuito económico no se sostiene por sí solo.

Además, la política de “apertura de cielos” beneficia directamente al sector turístico misionero y se avizora un crecimiento en la actividad. Esa será la mejor señal para las inversiones tanto de parte de los Estados como del sector privado, y el efecto multiplicador redundará en más fuentes de empleo, la principal obsesión del gobernador Passalacqua.

Mientras tanto, y en el mejor momento de la relación institucional Nación – Provincia, se vuelve a imponer la frase “lo cortés no quita lo valiente”. Misiones sigue peleando por sus derechos, como se pudo confirmar en el planteo judicial en torno a la creación del “Parque Provincial del Río Iguazú”. Es que si bien la Corte Suprema de Justicia de la Nación falló en contra de los intereses de los misioneros, se llevará este reclamo al Congreso de la Nación para debatir en ese marco el conflicto. “Los recursos naturales son propiedad exclusiva de las provincias”, es la base del planteo.

Otra instancia conflictiva, a nivel de casi un absurdo, es la defensa que deberán llevar adelante las provincias argentinas ante la voracidad de Buenos Aires, que pretende quedarse con una porción de la coparticipación federal que -según afirman- le corresponde, y que representaría para Misiones una quita de casi 3 mil millones de pesos al presupuesto provincial. El gobernador fue tajante: “Es innegociable, inadmisible”, manifestó, y aseguró que semejante apropiación dejaría las arcas provinciales en quiebra.

 

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