domingo, febrero 8, 2026

Gobernar con sensibilidad y sentido común

En un país donde el gobierno nacional decidió avanzar contra las pymes y los hogares argentinos mediante el congelamiento salarial, la caída del consumo y un ajuste que golpea de lleno a las familias, la gestión pública vuelve a ocupar un lugar central como herramienta para amortiguar el impacto de la economía real. Cuando el crecimiento no llega, el salario no alcanza y el mercado no responde, lo que queda es la voluntad de gobernar con sensibilidad, previsibilidad y responsabilidad.

Por Aníbal Blasco

La última semana económica estuvo marcada por el bochorno generado en torno a la no aplicación de la nueva metodología para medir la inflación en el Indec, episodio que incluyó la salida de su titular. Entre el ministro de Economía, Luis Caputo, y el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, se ofrecieron versiones cruzadas, aunque quedó claro que la decisión de seguir utilizando una canasta de consumo de más de dos décadas fue del presidente Javier Milei, con la promesa de actualizarla recién cuando la inflación llegue a cero.

El cierre de empresas, los despidos y las suspensiones ya forman parte del paisaje cotidiano argentino. En ese contexto, el gobierno nacional firmó un acuerdo comercial con Estados Unidos en el que Argentina asume 113 compromisos y el país del norte apenas dos. Una cesión desproporcionada que hace ver al pacto Roca-Runciman como un antecedente menor.

A eso se suma otro convenio con Estados Unidos vinculado a minerales críticos, entre ellos litio, cobalto y tierras raras, recursos estratégicos para la industria tecnológica y energética global.

El deterioro de la credibilidad de las estadísticas oficiales no solo tensiona la relación con el FMI, que exigía la actualización de la canasta de consumo, sino que ya tuvo impacto negativo en el plano financiero. Mientras tanto, los acuerdos con Estados Unidos parecen más un cobro adelantado por el salvataje del Tesoro norteamericano que verdaderas asociaciones beneficiosas para el país.

La actividad económica estancada, los salarios deprimidos, el cierre de empresas y las jubilaciones de miseria no aparecen en la agenda central del gobierno. Sí hubo tiempo, en cambio, para la creación de un organismo con rasgos de Ministerio de la Verdad y para declaraciones como la de Toto Caputo sobre la industria textil, cuando afirmó que “nunca me compré ropa en argentina”, una frase que habla más de quien la pronuncia que de la realidad del sector.

Frente a este escenario, Misiones opta por otro camino: actuar, dar respuestas y ofrecer soluciones. Los rostros visibles de esa estrategia son el gobernador Hugo Passalacqua y el intendente de Posadas, Leonardo Lalo Stelatto. Ambos, junto a otros intendentes de la provincia, sostienen una gestión intensa, territorial y cotidiana, pensada para aliviar a la gente en un contexto nacional adverso.

Passalacqua aplica una premisa clara: cuidar el bolsillo sin poner en riesgo el equilibrio. Si respondiera a la lógica del gobierno nacional, el Boleto Estudiantil Misionero habría sido eliminado hace tiempo. Ocurre exactamente lo contrario. En las últimas semanas se abrió nuevamente la inscripción al programa, garantizado desde el inicio del ciclo lectivo 2026 para todos los niveles educativos. Se trata de una política concreta que impacta de lleno en miles de familias que hoy cuentan cada peso para llegar a fin de mes, entendiendo que educación y transporte son variables sensibles que deben resolverse con previsibilidad y anticipación.

El mismo criterio se observa en la política fiscal. En un contexto donde los impuestos nacionales pesan cada vez más y los ingresos no crecen, Misiones sostiene descuentos de hasta el 35 por ciento en el Impuesto Provincial Automotor, bonificaciones por pago anticipado, exenciones para vehículos antiguos y una moratoria con condonación total de intereses. Mientras Nación incrementa la carga del monotributo y recorta subsidios, elevando tarifas de luz, gas y electricidad, la provincia avanza con un alivio estructural diseñado bajo parámetros de responsabilidad fiscal, reconociendo al contribuyente cumplidor y ofreciendo alternativas a quienes se atrasaron.

A esto se suman los programas Ahora en todas sus variantes, incluido Ahora Gas, una herramienta clave en una provincia sin acceso a la red de gas natural. Mientras el precio de la garrafa en el mercado se vuelve cada vez más inaccesible, el Estado provincial garantiza recargas a valores bonificados en toda la geografía misionera. En tiempos de ajuste, el acceso a un servicio esencial deja de ser una cuestión técnica para transformarse en una política social concreta.

En Posadas, la lógica es similar. La gestión de Lalo Stelatto, reconocida durante más de seis años consecutivos entre las mejores del país por distintos estudios y consultoras, sostiene un modelo de cercanía y servicios en un contexto complejo. La ciudad mantiene niveles estables de actividad turística, con crecimiento interanual moderado, una agenda cultural activa y espacios públicos que funcionan como motores económicos y sociales. Todo responde a una planificación urbana sostenida, inversión constante y gestión eficiente.

El municipio profundiza además su presencia en los barrios mediante operativos integrales de salud, tareas de prevención contra el dengue, atención primaria descentralizada y vacunación en territorio. La concepción es clara: cuando la economía aprieta, el Estado debe estar más cerca. Esa cercanía no se proclama, se ejerce.

En este marco, hay una definición que atraviesa a la política misionera: el misionerismo es previsibilidad, responsabilidad y continuidad. No es un experimento ni una apuesta al vacío, sino un modelo respaldado por hechos y resultados visibles.

Ahí están el desendeudamiento provincial y el equilibrio fiscal sostenido, que permiten decidir sin hipotecar el futuro; el Boleto Estudiantil como garantía de igualdad de oportunidades; los programas Ahora sosteniendo consumo y comercio local; la Escuela de Robótica y el sistema educativo preparando a los jóvenes para un mundo en transformación. La Costanera de Posadas, que redefinió la ciudad y su economía; el fortalecimiento del sistema de salud pública, con hospitales de alta complejidad, el PET oncológico y el robot Da Vinci, que ubican a Misiones en estándares médicos de primer nivel.

Todo eso es gestión en tiempo presente. Política pública funcionando mientras la economía nacional castiga a pymes y hogares, el consumo se derrumba y las promesas abstractas de libertad no se traducen en crecimiento ni progreso para la mayoría.

En tiempos difíciles, gobernar no es ensayar teorías. Es administrar con sensibilidad, sostener lo que funciona y estar donde el mercado no llega. En Misiones, esa decisión está tomada.

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