El fenómeno de El Niño ya comenzó a manifestarse en Misiones y, de acuerdo con las proyecciones meteorológicas que maneja Protección Civil, sus efectos podrían extenderse hasta mayo o junio del próximo año. Aunque las primeras crecidas ya obligaron a evacuar familias en la costa del río Uruguay, las autoridades sostienen que el período más complejo todavía no llegó y que los meses de octubre, noviembre y diciembre concentrarían los mayores riesgos.
La provincia activó con anticipación su Plan de Emergencia, fortaleció la coordinación con municipios, fuerzas federales y organismos provinciales, además de reforzar las tareas de concientización en las localidades más expuestas. El objetivo es minimizar el impacto de un escenario climático que ya muestra señales por encima de los registros habituales.
“Los diferentes modelos meteorológicos están marcando la llegada de un Niño recargado. Es un fenómeno que ocurre cada tres o cuatro años, pero este, según las proyecciones, sería bastante más intenso. No podemos saber exactamente el nivel que alcanzará, pero sí que tendrá una incidencia importante”, explicó el subsecretario de Protección Civil, Enrique Parra, durante su visita el Streaming de Códigos.

Una temporada que recién comienza
Si bien las imágenes de inundaciones registradas durante las últimas semanas en la zona del río Uruguay generaron preocupación, desde el organismo provincial insisten en que esos episodios forman parte de una etapa inicial de un proceso que recién comienza.
La expectativa está puesta en el comportamiento de las precipitaciones durante la primavera y el inicio del verano. Según detalló Parra, las probabilidades de que el fenómeno se consolide son muy altas y los modelos coinciden en señalar una intensificación de los eventos meteorológicos.
“El Niño empezó hace aproximadamente un mes y se extendería hasta mayo o junio del año que viene. Los picos se esperan para octubre, noviembre y diciembre. Hoy tenemos cerca de un 98% de confirmación de que este escenario va a ocurrir. Lo que no sabemos es con qué intensidad puntual se va a presentar en cada momento”, señaló. Uno de los aspectos que remarcan los especialistas es que el impacto no necesariamente estará asociado a tormentas extraordinarias. En muchos casos, los problemas pueden generarse por la persistencia de lluvias moderadas durante varios días consecutivos.
La provincia ya registró ejemplos de esa situación. Mientras la media histórica de precipitaciones para julio ronda los 160 milímetros, durante una jornada llegaron a acumularse 190 milímetros en apenas 24 horas.
“Cuando la lluvia se repite cada pocos días, el suelo pierde capacidad de absorción. No hace falta que caigan 200 milímetros de una sola vez para que aparezcan complicaciones. La acumulación progresiva también genera inundaciones, daños en caminos terrados y dificultades para la producción”, advirtió.
Plan de emergencia
Frente a los pronósticos que anticipaban un escenario complejo, el Gobierno provincial decidió adelantar las acciones preventivas. El 27 de mayo, el gobernador Hugo Passalacqua encabezó la activación formal del Plan de Emergencia, una herramienta diseñada para coordinar respuestas ante eventos climáticos de gran magnitud.
A partir de esa decisión se conformó una mesa de trabajo integrada por ministerios, fuerzas federales, organismos provinciales y municipios. La convocatoria incluyó a áreas que habitualmente no aparecen vinculadas a la gestión de emergencias, pero que cumplen funciones clave cuando las contingencias afectan a la población.
“Muchas veces se piensa solamente en bomberos, policías o Defensa Civil, pero una emergencia involucra mucho más. Educación, por ejemplo, participa porque las escuelas pueden transformarse en centros de evacuados cuando la situación lo requiere”, explicó.
En ese marco, los municipios costeros ya cuentan con establecimientos educativos previamente identificados para funcionar como espacios de asistencia temporal. Cada intendencia definió los edificios estratégicos y el Ministerio de Educación avanzó con las resoluciones necesarias para habilitar su utilización en caso de ser necesario. Paralelamente, Protección Civil profundizó las capacitaciones destinadas a los equipos locales. Las jornadas se desarrollan en distintos puntos de la provincia y buscan fortalecer la capacidad de respuesta de quienes intervienen en las primeras horas de cada emergencia.
“Para nosotros la clave está en los equipos municipales. Son ellos los que brindan la primera respuesta. Sería imposible que la estructura provincial pudiera atender directamente cada situación en todos los municipios al mismo tiempo”, sostuvo.
La estrategia también contempla la disponibilidad de recursos de fuerzas federales, Ejército Argentino, organismos sanitarios, cuerpos de bomberos y personal especializado que se incorporan de acuerdo con la magnitud de cada evento.

El Soberbio, el primer impacto y la influencia de Brasil
Hasta el momento, la situación más significativa se registró en El Soberbio, donde una crecida del río Uruguay obligó a evacuar 41 familias. El episodio se convirtió en la primera prueba concreta del esquema preventivo desplegado durante los últimos meses. La particularidad de este curso de agua es que gran parte de su comportamiento depende de las lluvias registradas en territorio brasileño y de la operación de represas ubicadas aguas arriba, especialmente la de Chapecó.
“El río Uruguay tiene una dinámica distinta porque gran parte de su caudal está condicionada por lo que ocurre en Brasil. Cuando las lluvias son muy intensas, las represas deben liberar agua y eso termina impactando sobre las localidades misioneras ubicadas en la costa”, indicó.
La relación permanente con autoridades y organismos brasileños se convirtió en una herramienta central para la planificación. Según explicó el funcionario a Códigos, existe comunicación directa que permite anticipar movimientos en las compuertas y preparar a las comunidades ante posibles crecidas.
“Hay entre 10 y 12 horas desde que Chapecó incrementa la descarga hasta que eso genera consecuencias en El Soberbio. Ese margen permite alertar a la población y organizar los operativos necesarios”, afirmó. La experiencia reciente mostró resultados positivos. Las familias alcanzadas por la inundación fueron evacuadas antes de que el agua ingresara a las viviendas y la mayoría encontró refugio en casas de familiares o vecinos.
De las 41 familias asistidas, únicamente cuatro permanecieron en centros de evacuación. El resto se trasladó a domicilios particulares con acompañamiento de los equipos locales. Una vez normalizada la situación, comenzaron las tareas de retorno y limpieza.
“Nosotros siempre buscamos que las personas puedan alojarse con familiares o conocidos. Es mucho mejor para la convivencia y para atravesar una situación que de por sí ya es difícil. Después acompañamos el regreso con kits de limpieza y asistencia para recuperar las viviendas”, explicó.
Cambio climático y ciudades más vulnerables
Más allá del fenómeno actual, desde Protección Civil sostienen que las tendencias observadas durante los últimos años muestran una creciente intensidad de los eventos meteorológicos en distintas regiones del país. La tragedia ocurrida en San Pedro permanece como uno de los antecedentes más presentes al momento de analizar los cambios registrados en la provincia. A partir de entonces, las estrategias de prevención comenzaron a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro de la planificación estatal.
“El cambio climático es una realidad. Para mí no está en discusión. Cada vez se van a intensificar más los fenómenos. A corto plazo tenemos El Niño, pero en términos generales estamos viendo eventos más frecuentes y más severos”, subrayó parra.
Mientras tanto, la prioridad inmediata sigue puesta en los próximos meses. Con la llegada de la primavera, Misiones ingresará en el período que los especialistas identifican como el más sensible dentro del ciclo actual de El Niño. Aunque nadie puede precisar cuánta lluvia caerá ni cuándo ocurrirán los episodios más intensos, el escenario ya obliga a mantener activos los sistemas de alerta y los protocolos de respuesta.
“Lo más fuerte todavía no pasó. Sabemos que los meses más complicados serán octubre, noviembre y diciembre. Por eso todo el trabajo que se viene realizando ahora es tan importante, porque cuando llegue ese momento la capacidad de reacción puede marcar la diferencia”, concluyó Parra.

