Argentina es uno de los pocos países donde se esconden fajos en latas de galletitas, dobles fondos, adentro de las medias, de libros, cajas fuertes domésticas.
Los argentinos que aún mantienen aproximadamente US$ 276.818 millones fuera del sistema financiero formal asumen riesgos como guardar billetes en latas de galletitas, dobles fondos, adentro de las medias, de libros, cajas fuertes.
Acumularon a lo largo de años desconfianza en los bancos, en la inflación, la volatilidad económica, la voracidad fiscal, que los hacen preferir esconderlos dentro de sus casas aun exponiéndose a la inseguridad en aumento.
Transcurrió un año y un cuarto del cambio de gobierno, y hasta el presente las transformaciones estructurales que se pusieron en marcha, la desaceleración del ritmo de incremento de los precios y las señales a favor de los derechos privados no terminan de animar a la gran mayoría de los que mantienen camufladas sus tenencias en billetes contantes y sonantes.
Blanqueo recaudador
El blanqueo lanzado el año pasado por el Gobierno fue un éxito para el Gobierno, ya que atrajo más de 100 mil millones de dólares, pero los que quedaron en las sombras casi que los triplican.
Es que a través de generaciones enteras se inventaron estrategias propias para proteger los ahorros, antes que nada, del erario público.
No amilana a los que siguen abrazándose a sus ahorros en sus hogares que, por ejemplo, que en la provincia de Buenos Aires se esté registrando una denuncia cada 30 segundos.
Ni siquiera asusta que esa tasa represente apenas el 20% de lo que en realidad sucede, ya que la Provincia tiene un 80% de cifras negras de la inseguridad.
Es decir que 8 de cada 10 víctimas optan por no denunciar los hechos criminales.
Los llamados delitos de reposición, como celulares y vehículos que tienen algún tipo de seguro, sí movilizan en mayor medida a los damnificados.
Métodos alternativos al colchón
Desde esconder fajos de billetes en el cartel o debajo del colchón hasta recurrir a tecnologías de seguridad avanzadas, la necesidad de resguardar bienes sigue siendo una prioridad en la cultura local.
Algunas de las más utilizadas son meter fajos en bolsas Ziploc y termosellados, a fin de evitar la humedad y el deterioro de los papeles, especialmente en ambientes densos; o en las clásicas latas de galletitas y frascos de vidrio, pasando por dobles fondos en cajones y muebles, además de cajas fuertes domésticas, que por lo menos los saquen de la vista y del alcance de la mano de los que andan por la casa.
Los administradores de cajas de seguridad privada afirman que cada vez se acercan más particulares a proteger el efectivo y bienes de valor.
Exposición doméstica
El principal peligro al que se expone el que esconde dinero donde vive con su familia es que puede convertirlos en blanco de delitos que afectan no sólo a la propiedad, sino a las personas.
Secuestros, entraderas, salideras, desvalijamiento, entregas, son amenazas latentes, además de materiales, a la integridad física de los que habitan.
Las alarmas y cámaras pueden ser disuasivas para un género de delincuentes menos sotisticados y violentos, que los que sobrepasan esas barreras.
Por más que las crónicas policiales desaconsejen convivir, sobre todo con dólares, persisten ideas erróneas sobre la seguridad del efectivo y otros bienes valiosos.
-“Tener el dinero en casa es más seguro que en otro lugar”. Si bien se evita la volatilidad bancaria, el riesgo de robos o daños accidentales es alto.
-“Las cajas fuertes en el hogar son infalibles”. Muchas veces son el primer objetivo de los delincuentes en un robo.
-“El dólar en papel no pierde valor con el tiempo”. La humedad y el mal almacenamiento pueden deteriorar los billetes, afectando su aceptabilidad en operaciones de cambio.
-“Solo los grandes patrimonios necesitan seguridad profesional”. Cualquier persona con ahorros en efectivo, documentos importantes o bienes valiosos puede beneficiarse de sistemas de resguardo seguros.
Se notan, a partir del miedo a la inseguridad, incipientes cambios en la percepción de la gente, según lo refleja una encuesta realizada a principios de año por la consultora Opinión Lab, donde por primera vez la inseguridad desplazó a la situación ecónomica y a perder el empleo, ambas preocupaciones muy cortadas de la corrupción, la pobreza, la inflación y los bajos salarios.