miércoles, diciembre 8, 2021

Infectólogos aseguran que el coronavirus aceleró la resistencia a la medicación

En el marco de que en los últimos 19 meses se aceleró diez años la resistencia a los antibióticos de bacterias que causan infecciones comunes, como infección urinaria, neumonía o sepsis, entre otras, se dificultó la capacidad para controlarlas con el arsenal terapéutico disponible.

Así coincidieron referentes durante el XXI Congreso de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), quienes además consideran que esta situación es una señal de alarma para la salud pública si no se revierte.

Alejandra Corso, jefa del Servicio de Antimicrobianos del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas de Anlis Malbrán, dijo: “Hace 30 años que no contábamos con nuevas moléculas antimicrobianas y las nuevas no están cubriendo las necesidades de los mecanismos emergentes [de resistencia en estos gérmenes] por lo que hay que recurrir a combinaciones con fármacos más antiguos, que por lo general tienen efectos colaterales”.

A la vez, definió que la detección de cepas de las llamadas enterobacterias productoras de carbapenemasas (enzimas que inactivan antibióticos de amplio espectro, como los carbapenémicos, dentro de la familia de las penicilinas), “alcanzó niveles nunca vistos” en los centros de salud.

Esos patógenos incluyen, por ejemplo, Klebsiella pneumoniae, Acinetobacter baumannii o Enterobacter cloacae, que pueden causar complicaciones como neumonías o infección urinaria, en los pacientes hospitalizados.

“El balance global del impacto de la pandemia de Covid-19 en la resistencia antimicrobiana es negativo, pero no todo fue por coronavirus, sino que el este aceleró un proceso que ya se venía gestando en el país”, sostuvo Corso respecto al trabajo que viene haciendo con su equipo en el laboratorio regional de referencia para resistencia antimicrobiana de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Respecto a las causas, se encuentra el aumento de la prescripción de antibióticos a pacientes con Covid-19 y en pacientes ambulatorios atendidos por teleconsultas. Asimismo influyó la prolongación de las internaciones por las infecciones asociadas al cuidado de la salud (IACS) y un mayor uso de dispositivos (catéteres y asistencia respiratoria mecánica) que fueron derivados como recursos de atención para el coronavirus.

De esta manera, junto al alto nivel de estrés en el personal y la saturación del sistema, hubo una interrupción de la vigilancia de las infecciones por organismos multirresistentes.

“El 70% de los pacientes con Covid-19 recibió un tratamiento antibiótico, pero hubo un 4% de coinfecciones (una infección bacteriana adquirida en la comunidad junto con Covid al momento de la internación) y un 8-14% de infecciones secundarias (infección bacteriana o por hongos adquirida en el hospital durante la internación). Esta práctica de prescripción fue heterogénea en el país, pero uniformemente alta”, agregó Corso al comentar que pese a las medidas sanitarias, que contrarrestraron el proceso, el impacto fue negativo.

Por otra parte, la preocupación entre los especialistas que monitorean estos patógenos cruzó de manera transversal las presentaciones durante las tres jornadas de la reunión anual de la SADI.

“La situación es compleja”, dijo Fernando Pasterán, integrante Servicio de Antimicrobianos de Anlis Malbrán, y continuó: “Hay nuevos antibióticos que traerán cierto alivio, pero, en paralelo al aumento de la resistencia antimicrobiana, es necesario contar con esas moléculas. Si no, los gérmenes imposibles de tratar serán algo cotidiano y no queremos llegar a ese escenario”.

Fuente: Ámbito

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