La Guerra de Malvinas, el dolor de las heridas abiertas y una causa pendiente

A 36 años del desembarco argentino en las Islas Malvinas y el inicio del conflicto bélico con Reino Unido, el sufrimiento por los combatientes muertos sigue latente. En el Día del Veterano y de los Caídos, millones de argentinos homenajean a quienes dejaron su vida por la soberanía nacional en una guerra injusta por la que aún se reclama Justicia. Un capítulo difícil de cerrar.

Después de más de tres décadas, sigue latente el dolor y la memoria por los cientos de jóvenes que murieron en combate. Por este motivo, millones de argentinos conmemoran hoy el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas y recuerdan a quienes formaron parte de los escuadrones que dejaron su vida en aquellas frías tierras.

Con la herida abierta, ese enfrentamiento aún clama por Justicia para sus víctimas. Asimismo, en esta fecha, se renueva también a nivel nacional el reclamo de soberanía sobre el archipiélago. Se trata de un pendiente difícil de cerrar.

La Guerra

El 2 de Abril de 1982 comenzó la guerra cuando las Tropas Argentinas desembarcaban en Puerto Argentino/Stanley para iniciar la recuperación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, ocupadas por el Reino Unido desde 1833. Combate que continuó hasta el 14 de junio de ese año, fecha del cese de hostilidades entre dichos países, que tuvo como resultado la reocupación de los archipiélagos por parte del gobierno británico.

En el inicio de la gesta, Argentina atravesaba la Dictadura militar más cruel de toda su historia, el mal llamado “Proceso de Reorganización Nacional”. En ese entonces, el país era conducido por el militar Leopoldo Galtieri, quien enfrentaba los que iban a ser los últimos años de un gobierno de facto. Muchos historiadores apuntan a que la causa de la Guerra por parte de la Junta Militar fue nada más que un intento de forzar un poder debilitado por el malestar social y económico.

Por eso, el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas y la búsqueda de su recuperación eran la estrategia. Es que su descubrimiento era motivo de controversias: los archipiélagos habían sido ocupados alternadamente por España, Francia, Argentina y el Reino Unido (actualmente), pero Argentina los consideran como parte de su provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

Así, comenzaba el injusto combate. Luego de que las tropas desembarcaran y lograran ocupar las Islas ante una débil resistencia británica, todo parecía estar en orden. La noticia llegaba a Argentina, situación que provocó manifestaciones de alegría en todo el país y su inmediata adhesión a la causa.

Pero esa alegría duraría poco. Tres días después, las tropas británicas partían hacia las Islas para comenzar a atacar a los soldados argentinos. El 1 y 2 de mayo bombardearon por mar y aire el Puerto Argentino y el Puerto Darwin. El 6 de mayo provocaron el hundimiento del buque argentino General Belgrano por un submarino atómico Conqueror, donde murieron 323 marineros.

La oscuridad comenzaba a cubrirlo todo. Las tropas argentinas, compuestas por inexpertos jóvenes, eran vencidas, abatidas y destruidas por un ejército británico sumamente equipado y preparado. Día a día caían soldados argentinos que a fuerza de hambre, frío y cansancio dejaban sus vidas frente a un enemigo que los superaba en número, recursos y experiencia. En aquellas tierras frías quedaban las almas de 649 militares argentinos. Nuestros hombres…

La guerra terminaba. Los generales Jeremy Moore (comandante británico) y Mario Menéndez (Gobernador militar de las islas) firmaron el alto el fuego y la capitulación argentina. La débil tropa argentina volvía a su país, llena de dolor y terror. Envueltos de recuerdos de bombas y muerte para encontrarse con una sociedad que les dio la espalda durante muchos años.

Hoy, pasaron 36 años, pero la herida sigue abierta. Este capítulo es una parte de la historia negra del país, del recuerdo que genera dolor, impotencia y el amargo sabor de la injusticia. Se empañan la memoria de aquel 2 de abril de 1982 cuando se recuerda a aquellas madres que esperaban a sus hijos, sus héroes que nunca volvieron.

En la actualidad, aquellos que regresaron y pudieron superar las pesadillas nocturnas de recuerdos de sangre y horror, siguen luchando; y como dice León Gieco: “Aún con la luz llena de sombras, y con el sol en sufrimiento”, construyen sobre cenizas. Lograron que la sociedad y los gobiernos los reconozcan a través de leyes de Reconocimiento Histórico, de Ciudadanos Ilustres, con pensiones y jubilaciones. Pero esta lucha continúa.

Marcha de Malvinas

Tras su manto de neblinas, no las hemos de olvidar. “¡Las Malvinas, Argentinas!”, clama el viento y ruge el mar. Ni de aquellos horizontes nuestra enseña han de arrancar, pues su blanco está en los montes y en su azul se tiñe el mar.

¡Por ausente, por vencido bajo extraño pabellón, ningún suelo más querido; de la patria en la extensión! ¿Quién nos habla aquí de olvido, de renuncia, de perdón? …

¡Ningún suelo más querido, de la patria en la extensión. ¡Rompa el manto de neblinas, como un sol, nuestro ideal: “Las Malvinas, Argentinas en dominio ya inmortal”! Y ante el sol de nuestro emblema, pura, nítida y triunfal, brille ¡OH Patria!, en tu diadema la perdida perla austral.

¡Para honor de nuestro emblema para orgullo nacional, brille ¡OH Patria!, en tu diadema la pérdida perla austral.

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