domingo, febrero 15, 2026

La realidad atropelló al relato

En la Argentina de hoy, el termómetro social se mide más en la mesa familiar que en los indicadores oficiales. La recesión económica se refleja en los hogares: la caída del consumo masivo y de la compra de productos básicos, como la carne vacuna que retrocedió 6,5% interanual, muestra que la estabilidad macroeconómica que celebran algunos números no se traduce en la vida cotidiana. Dos de cada tres familias admiten dificultades para llegar a fin de mes, y muchas enfrentan la necesidad de recurrir al crédito para cubrir gastos diarios. Cuando el poder entra en guerra con la realidad, pierde; le ocurrió al kirchnerismo.

Fernando Retamozo. Politólogo y Periodista.

La mora en préstamos personales alcanzó el nivel más alto desde 2010, con un fuerte impacto en los créditos personales. Al mismo tiempo, el consumo privado cayó 1,5% en enero de 2026 interanual, y la retracción en bienes esenciales confirma que la supuesta recuperación no llega a los hogares. Estos números muestran que la economía real se mueve a un ritmo muy distinto del que intentan vender los informes oficiales.

Esta desconexión entre datos y realidad recuerda a La conjura de los necios. Ignatius J. Reilly, su protagonista, no revisa hechos ni corrige sus premisas; denuncia conspiraciones y considera que la realidad está equivocada si no coincide con su visión. De manera similar, cuando el relato oficial celebra números que no se reflejan en la vida diaria, como la caída del consumo privado, el nivel de mora o la contracción del mercado, se genera una distancia peligrosa entre discurso y experiencia. Como dijo Mark Twain: “Hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”; y en este caso, los números que no coinciden con la vida cotidiana terminan siendo eso: datos que confunden más que informan.

Incluso el INDEC, con su historia de conflictos institucionales, se convierte en símbolo de esa tensión: cuando los datos técnicos no coinciden con la narrativa política, se cuestiona la credibilidad y la confianza pública. Pero el problema no está solo en los organismos: está en la forma en que se interpreta o comunica la información, ignorando la realidad que viven millones de familias.

Mientras la Nación discute al ritmo de trending topics y la polémica permanente, en Misiones se intenta sostener otra frecuencia. La continuidad y ampliación del Boleto Estudiantil Misionero, que alcanzó a cerca de 400 mil estudiantes en 2025, representa un alivio directo en el gasto mensual de las familias. La prórroga del Impuesto Provincial Automotor con descuentos de hasta 35% por pago contado hasta marzo actúa como gesto fiscal concreto en un contexto de ingresos ajustados.

A eso se suman los programas Ahora Misiones y sus variantes sectoriales, Ahora Bienes Durables, Ahora Construcción, Ahora Textos y otros esquemas de reintegros y financiación, que apuntan a sostener el consumo y la actividad comercial. También se ofrecen líneas de financiamiento para pymes, se acompaña a productores yerbateros y tabacaleros y se organizan mesas de trabajo para planificar el 2026 fortaleciendo condiciones laborales de la Policía y el Servicio Penitenciario. Además, se promueven eventos culturales de impacto económico local, como el festival UNA+, que generó un movimiento estimado de 99,3 millones de pesos en la economía de la región. No son consignas épicas: son herramientas de administración en tiempos adversos.

Bajo la gestión de Hugo Passalacqua se busca equilibrio fiscal sin espectáculo y contención social sin estridencias. En Posadas, el intendente Leonardo Stelatto refuerza esa lógica con operativos para garantizar agua potable en barrios vulnerables, jornadas integrales de salud, prevención del dengue y eventos culturales con impacto económico local. Gobernar lo cotidiano es el antídoto frente al ruido.

Nada de esto implica negar el malestar nacional. Pero sí marca una diferencia de enfoque. Cuando el poder central ignora la experiencia real y ajusta datos a la narrativa, puede ganar tiempo, pero pierde credibilidad. Y en un país donde el bolsillo tiembla, la confianza es el capital político más escaso y más valioso.

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