El fútbol siempre vuelve a los mismos lugares cuando la pasión se enciende. Y con un nuevo Mundial de fútbol a las puertas —ese que en junio vuelve a movilizar la ansiedad, la ilusión y el ritual argentino de creer— reaparece una historia que no envejece: el gol imposible de Diego Armando Maradona en Posadas.
El 9 de mayo de 1992, la ciudad de Posadas fue escenario de una jornada que quedó grabada para siempre en la memoria colectiva. No se trató solamente de un partido benéfico disputado en el estadio de Villa Sarita, casa de Guaraní Antonio Franco, sino de una tarde en la que el fútbol ofreció una de esas escenas que desafían toda explicación.
Maradona llegó a Misiones para participar de un encuentro solidario destinado a colaborar con el Hospital Madariaga. Sin embargo, además de aportar a una causa noble, dejó una imagen que más de tres décadas después continúa siendo recordada por miles de aficionados.

El partido transcurría con normalidad hasta que ocurrió una acción que transformó la jornada en una página inolvidable de la historia deportiva de la provincia. Tras una reanudación desde el círculo central, Maradona controló la pelota, levantó la cabeza y, casi sin tomar carrera, sacó un remate desde mitad de cancha.
La pelota recorrió el aire ante la mirada atónita de los presentes y terminó incrustándose en un ángulo. Primero llegó el silencio de la sorpresa. Luego, la explosión de las tribunas. Lo que parecía un intento imposible terminó convirtiéndose en uno de los goles más recordados de su carrera en territorio argentino.
Años después, el propio Diego recordó aquella jugada y explicó cómo tomó la decisión de rematar desde tan lejos.
“Sabía que si tardaba más le daba la posibilidad al arquero de que llegue. Le pegué fuerte, le pegué bien… y tuve la suerte de que entrara”, contó el astro argentino al rememorar aquella acción.
La imagen posterior también quedó grabada en quienes compartieron esa jornada. Ya en el vestuario, rodeado de allegados, Maradona revivía el momento con naturalidad, como si lo extraordinario fuera algo cotidiano en su relación con la pelota.
Con el paso de los años, aquel gol trascendió los registros periodísticos y se transformó en una leyenda popular. No solo por la distancia del remate, sino por todo lo que lo rodeó: una ciudad movilizada, un evento solidario y uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos desplegando su talento en estado puro.
Hoy, cada vez que se aproxima un nuevo Mundial, la historia vuelve a aparecer. Porque en Argentina el fútbol es mucho más que un deporte. Es memoria, identidad y emoción compartida.
Y en ese universo de recuerdos imborrables, el gol de Maradona en Posadas sigue ocupando un lugar privilegiado, como una de esas postales que el tiempo nunca logra borrar.

