La comunidad académica argentina se encuentra en un estado de alerta sin precedentes. Los docentes sostienen la lucha pero advierten que el sistema llegó a un límite debido a una crisis salarial y presupuestaria que asfixia a las más de 60 universidades nacionales distribuidas en todo el país.
Tras la cuarta edición de la masiva Marcha Federal Universitaria para visibilizar y mantener en agenda la falta de presupuesto, tanto en los centros de estudio como los hospitales que dependen de ellas. Los docentes resisten dentro de sus aulas y defienden la lucha, en nombre de toda la sociedad por la educación pública, a pesar de las críticas y lo comentarios del Gobierno.
Según advirtió Rodrigo Quiroga, doctor en Ciencias Químicas y docente con 15 años de experiencia de la Universidad Nacional de Códoba (UNC), lo que se observa es la renuncia de entre 10 a 12 docentes por día a nivel nacional. En esa línea añadió que esta desfinanciación no es accidental: "El Gobierno está poniendo excusas para no cumplir la ley porque efectivamente lo que buscan creo es un plan de destrucción de las universidades nacionales por goteo".
Esta crisis afecta especialmente el carácter federal del sistema. Mientras el Gobierno elige polemizar con el foco en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), en las universidades de todo el país los docentes se ven obligados a abandonar la academia por una necesidad económica, lo que pone en riesgo el dictado de materias especializadas y la graduación de los estudiantes.
Actualmente, un Jefe de Trabajos Prácticos (JTP) con dedicación simple percibe apenas 260.000 pesos mensuales, una cifra que no llega a cubrir los gastos básicos de transporte y comida necesarios para asistir a dar clase.
Pablo Bolcatto, doctor en Física y profesor con 38 años de experiencia de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), describió este escenario como el peor de su vida profesional. Explicó cómo la falta de ingresos está transformando la vida de sus colegas: "Ahora lo que se está dando es que un investigador o un profesor lo que hace es hacer Uber o empezar a vender empanadas", en un fenómeno de pluriempleo cada vez más común para poder subsistir.
Según reflexionó Bolcatto "dar clases es una vocación en el caso de los que hacemos docencia e investigación, porque por un lado es la vocación docente propia de dar clases, de enseñar, transmitir conocimiento y correr la frontera un poquito más allá".
Sin embargo, frente a esta situación Bolcatto aclaró que "estamos en el peor de los momentos de mi vida profesional al menos porque por la simple razón de que la actitud del Gobierno Nacional es una actitud profundamente ideológica".
Por su parte, Quiroga explicó que son los propios docentes quienes están subsanando el déficit de financiamiento con un mayor esfuerzo personal, aunque alerta que esta entrega tiene un límite. Trabajar en las universidades públicas nacionales es una elección para ellos, desde el deseo de "devolverle a la universidad pública todo lo que nos dio" para poder formar un proyecto de país basado en la educación, la ciencia y la tecnología.
