En medio del debate nacional sobre si la Argentina atraviesa o no una recesión profunda, una imagen en Posadas volvió a poner el termómetro en la calle. Cuatro cuadras de fila, mayoritariamente de jóvenes, esperando la posibilidad de acceder a uno de los puestos laborales ofrecidos por un supermercado local.
La convocatoria se realizó en la intersección de avenida Uruguay y Florencio Sánchez. Aunque estaba prevista para las 8:00, desde la madrugada comenzaron a llegar aspirantes con la intención de asegurarse un lugar. Algunos aguardaron hasta cuatro horas antes del inicio formal. El objetivo: un empleo en tareas de reposición, caja o limpieza.
El dato generacional no pasa inadvertido. Buena parte de quienes esperaban eran jóvenes, el mismo sector que en las últimas elecciones mostró un fuerte acompañamiento al actual gobierno nacional. Hoy, ese segmento etario es uno de los más expuestos a la contracción del mercado laboral: caída de changas, menor actividad comercial y reducción de oportunidades formales. La disputa por un puesto básico evidencia la presión que atraviesa ese universo.
Entre los postulantes había estudiantes que buscaban sostener sus estudios, trabajadores informales que intentan estabilidad y personas que necesitan ingresos urgentes para sus hogares.
El dato no es la oferta laboral del supermercado, sino la cantidad de jóvenes desocupados que se debaten por unos pocos espacios. La imagen remite a escenas que el país ya conoció en otros momentos críticos, con filas extensas por una oportunidad mínima. Una historia que se repite y que encuentra inevitable correlato con postales ya vistas durante la crisis de 2001.
