Hubo un tiempo en que los cirujanos plásticos y médicos especialistas en estética se dedicaban a atender a personas de mediana edad en busca de revertir con alguna técnica no invasiva o bien una cirugía los signos del envejecimiento en su cuerpo.
Luego se empezó a priorizar la prevención, y cobraron protagonismo las intervenciones tendientes a impedir que esas primeras señales del paso del tiempo se hagan presentes. Y ahora, cada vez más, como si los plazos se acortaran, son adolescentes los que consultan disconformes con alguna parte de su anatomía en busca del retoque que les brinde la imagen que ellos pretenden ver en el espejo.
Influidos por la apariencia de personajes e influencers que siguen en las redes sociales, o bien por niveles de auto exigencias propias de la edad, lo cierto es que el perfil del consumidor de medicina estética varió hacia un público cada vez más joven de un tiempo a esta parte.
“Es claro que el consumo de la medicina estética aumentó de manera considerable en la población mundial. En el caso de los adolescentes este aumento se relaciona, por un lado, con la oferta y la accesibilidad y por el otro, con la demanda interna de acceder a imágenes e ideales”. La licenciada en Psicología Patricia Martinez (MN 24.411) consideró que “las actuales son sociedades muy pendientes de la mirada del otro que repercute y condiciona la propia”, al tiempo que analizó: “La imagen que me devuelve el otro va a definir muchas veces cómo me veo. La mirada del otro es importante para todos y a cualquier edad. En la adolescencia, cuando todavía estamos en pleno proceso de construcción de nuestra personalidad, es muy importante generar identificaciones e ideales, más allá de la mirada de los otros”.
Para la especialista en familia del departamento de Crianza y Orientación a padres de Halitus Instituto Médico, “desde el lugar de padres es importante preguntarse y replantearse qué herramientas se le pueden dar a los chicos para que puedan abordar el crecimiento y el desarrollo generando imágenes de sí mismos más autónomas e independiente de la mirada excluyente y exclusiva del medio”.
Raúl Banegas es médico cirujano plástico (MN 79300) y miembro de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora (Sacper) y ante la consulta de Infobae señaló que “deberían ser los padres quienes autorizan un procedimiento de cualquier tipo”.
En la misma línea, la médica especialista en cirugía plástica y estética Griselda Seleme (MN 80033) destacó que la Argentina no está exenta a las tendencias mundiales, “por eso es muy importante que los profesionales de la salud estén muy atentos a esto”. “Evaluar la edad del paciente, las motivaciones que lo traen y buscar el mejor resultado -consideró ella los pasos a seguir ante estos casos-. Siempre sin duda la clave será, cuando se trata de menores, hablarlo con sus padres y juntos llegar a la decisión correcta”.
Para Seleme es vital “poder diferenciar cuando alguien llega a la consulta buscando un ideal al que nunca se llega y en ese caso sin duda no será una indicación”. Por el contrario, “hay casos en los que realmente a la persona le afecta un defecto o alguna problemática estética en la que sin dudas amerita el tratamiento ya que le brindará mayor confianza, autoestima y seguridad”.
Banegas precisó que “la operación estética que se hace en niños de menor edad es la auriculoplastia, en chicos a quienes acompleja realmente el tamaño de sus orejas; especialmente los varones que usan el pelo corto consultan cuándo se podrían operar y la respuesta suele ser cuando esto le genera problemas sociales”. “Si ese rasgo físico le genera bullying, entonces sí empieza a tener una carga emocional y un efecto psicológico dañino que puede ser permanente -consideró el cirujano-. Si se siente en desventaja respecto a sus pares, con el mismo criterio las chicas suelen requerir una rinomodelación porque no les gusta el tamaño o la forma de su nariz”.
“Yo creo que debemos definir quién puede decir sí o no, y en este punto no me parece bien la decisión sea de una autoridad sanitaria”, opinó Banegas acerca de que desde el pasado 1 de octubre, Inglaterra prohibió los tratamientos estéticos con bótox y rellenos dérmicos inyectables en menores de 18 años debido al aumento en la demanda de estos procedimientos entre los más jóvenes. “Me parece que son los padres los que deben autorizar y evaluar conociendo las necesidades de sus hijos; creo que hay que revisar cada caso en particular”, insistió.
En el caso del bótox, el especialista señaló que “en chicos de menores de edad es una indicación para casos muy puntuales, como por ejemplo que el menor tenga una sonrisa gingival, que queda muy desagradable para las fotos y para su vida social”. “En el mismo sentido deberíamos evaluar por qué los niños se ponen brackets ya que más allá de la función oral, básicamente se lo hace por la estética”, agregó.
Para Seleme, “las redes tienen un efecto negativo y llevan a la búsqueda de falsos ideales, especialmente cuando hay falencia o baja autoestima”. “La exposición de algunas personas siempre ‘bellas’, siempre en pose, siempre ‘felices’, divertidas y rodeadas de amigos hace creer que el que no tiene eso está afuera -opinó la cirujana-. Y si a eso se le suman los filtros que exageran los rasgos o dan la apariencia de una piel de porcelana que muchas veces no son reales el efecto es más nocivo aún”.
“Por eso los profesionales de la estética tenemos que estar muy atentos a las motivaciones de los pacientes, especialmente cuando son adolescentes”, apuntó.
Y tras preguntarse “quién lidera la estética”, Banegas analizó: “¿Son los médicos, las redes, los pacientes? Prohibir las intervenciones estéticas en menores sería un acto autoritario, simplista, y es ocultador de lo que está sucediendo en un plano social, no podemos tapar el sol con la mano y es muy difícil controlar el impacto que tienen las redes”.
Por eso, para él, “la clave es volver a la familia, al diálogo y evaluar qué casos en particular están indicados por el impacto psicológico y social que puede traer aparejado ese pequeño ‘defecto’. Y desde ya que si llega a la consulta una chica con unos labios lindos y quiere más porque vio a una influencer que le gusta ahí sí es momento de decir que no porque no tiene ningún sentido”.
“Otro tema es por ejemplo cuando hay patologías puntuales”, justificó Banegas. Y relató: “Me tocó tratar a una nena de 12 años con temblor esencial del mentón. Le tiembla el mentón, cuando tenía que dar un examen o se ponía nerviosa más le temblaba y en este caso sin duda es una indicación intervenir, ya que le molestaba mucho en su vida y con unas gotitas de toxina botulínica se resolvió y le dio la confianza y seguridad que ella necesitaba. Por eso digo que lo importante es evaluar cada caso en particular y siempre con los padres”.
Por último, “en chicas y chicos con hiperhidrosis o sudoración excesiva también el uso de bótox da un gran resultado y un cambio en sus vidas, ya que al sudar en exceso se sienten incómodos socialmente”. “Son pequeños tratamientos que generan grandes cambios -insistió-. Por eso, de nuevo, no estoy de acuerdo en prohibir sino que apoyo evaluar cada caso en particular y consensuar siempre con la familia”.
Fuente: Infobae
