La inflación de servicios volvió a posicionarse como el componente más dinámico de los precios en marzo, al trepar al 4,2%, su nivel más alto desde diciembre de 2024. Este avance no solo superó al de los bienes —que subieron un 3%— sino que también consolidó una tendencia creciente que se viene profundizando desde fines del año pasado.
El impulso principal provino de los ajustes en tarifas de servicios públicos, que continúan liderando las subas dentro del rubro. En el primer trimestre del año, los aumentos en luz, gas, agua y transporte acumularon un 13,4%, muy por encima del 9,4% de inflación general, lo que evidencia un desfasaje sostenido respecto del promedio de precios de la economía.
Este comportamiento refuerza un patrón que se repite mes a mes: los servicios, especialmente los públicos, crecen a un ritmo superior al de los bienes. La tendencia no es aislada, sino que responde a un proceso de recomposición de precios relativos que se intensificó desde octubre y que mantiene a este componente como el más inflacionario.
Además, el impacto no es homogéneo. Los servicios públicos concentran una mayor incidencia en el gasto de los hogares de menores ingresos, lo que introduce un sesgo regresivo en la dinámica inflacionaria. En otras palabras, los aumentos golpean con más fuerza a los sectores más vulnerables, que destinan una mayor proporción de sus ingresos a estos consumos básicos.
El análisis técnico también advierte que, bajo una metodología de medición con mayor peso de los servicios en la canasta, la inflación habría sido incluso más alta, lo que refuerza la relevancia de este componente en la dinámica actual de precios.
En este contexto, la evolución de marzo confirma un cambio en la composición de la inflación: mientras en 2024 y parte de 2025 los servicios privados habían liderado los incrementos, en los últimos meses son las tarifas reguladas las que marcan el ritmo, acelerando la inflación de servicios y ampliando su brecha con el resto de los precios.
