Liliana Picazo: “Siempre voy a dar lo mejor de mí al Poder Judicial”

A pocos meses de cumplir 44 años trabajando en el derecho, la actual fiscal del Tribunal Penal N°1 con asiento en Posadas, Liliana Picazo, fue propuesta por el gobernador Hugo Passalacqua para el cargo de Ministro del Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Misiones que se encuentra vacante tras el fallecimiento de  Manuel Augusto Márquez Palacios en septiembre del año pasado.

En diálogo con Revista Códigos, la doctora Liliana Picazo resaltó el ofrecimiento realizado por el Gobernador y dijo que esto la encuentra en una etapa de mucha tarea.

El pliego de la letrada ya ingresó a la Legislatura y recogió el apoyo generalizado no solo de la ciudadanía, sino de todos los sectores políticos y de la propia justicia misionera que destacan su profesionalismo en el camino de su larga trayectoria.

 

¿Cómo tomó la nominación del gobernador Passalacqua?

Por un lado todos los que somos abogados tenemos la esperanza de mejorar constantemente en la profesión, pero por otro el impacto social que tuvo me impresionó. La gente en la calle me saluda y me felicita, me llaman y dejan mensajes de diferentes puntos de la provincia. Tuve la suerte de trabajar en el Poder Judicial ya al poco tiempo de recibirme, que fue el 5 de octubre de 1973, en el año 74 ya era secretaria del Juzgado Civil, Comercial y Laboral de Eldorado; tuve un contrato de seis meses en Eldorado mientras esperaba la llegada de un secretario a ese juzgado, así que el camino se me apareció antes que lo elija. En el interior hay una comunidad de trabajo donde el encuentro es más afectivo, es más pequeño y el refugio de todos es el trabajo.

Allí aprendí, con el primer jefe que tuve, la importancia de este trabajo porque al otro día de comenzar me dijo “tomá hacé esta sentencia”; ahí me temblaron los pies, la cabeza y empecé a mirar como se hacía una sentencia, a copiar lo que se podía copiar y a crear lo que se podía crear. En ese momento entendí la importancia de lo que es un fallo.

Decirle a alguien “tenés razón en litigar, tu derecho es legítimo” y también “decir no tenés razón, perdés el derecho que crees tener”. Eso es muy importante, ese es el camino que a mí me guió en todo lo que tuve que resolver. El que gana ni siquiera lee el fallo, ganó como en el fútbol. Una sentencia tiene, salvando las distancias, el efecto de que al que gana no le interesa por qué (además de que hay un juez que dice vos tenés derecho); hay que explicarle al que pierde por qué pierde para que el efecto sea de menor dolor o desazón posible. No podemos ir por el mundo generando descontento y eso creo es parte fundamental de este reconocimiento.

 

¿Usted trató de siempre de seguir esa línea? ¿Es generalizada esa postura en el Poder Judicial?

No me quiero poner de ejemplo, pero actualmente la justicia no cotiza en bolsa. La ciudadanía tiene capacidad de protestar las decisiones que se toman en los procesos, y lo hace por fallos puntuales y tiene el derecho de hacerlo, pero son un porcentaje mínimo frente a la cantidad de fallos con los que se debe tratar todos los días en la Justicia.

Esto significa que estas resoluciones tienen un sabor de equilibrio. Este Poder Judicial al que quiero mucho y al que quiero dar siempre lo mejor de mí en función de la gente, tiene que ocuparse de los litigantes y de quienes nos acompañan en nuestra tarea; debe buscar ocuparse de la gente que viene a un proceso, no de la gente en general, de eso tiene que ocuparse el poder político.

¿Cómo ve al actual STJ?

Con los años que tengo en la Justicia conozco a casi todos los integrantes del Superior y me encontraré con ocho personas que piensan igual que yo en algunos aspectos y diferentes en otros, un lugar que como en todo cuerpo colegiado se puede consensuar o disentir y en ese sentido vamos a trabajar para construir un espacio de trabajo teniendo en cuenta siempre la importancia de nuestras sentencias en este que es el máximo tribunal. Es bueno consensuar pero también es bueno disentir, desde ambos lados se crece.

 

¿Cómo será esa tarea?

En lo personal voy a tratar privilegiar la primera instancia, desde el STJ voy a respetar el criterio que impulsó el fallo en ese sentido y verificar que este sea legítimo. Centrarme en eso. En cuanto a los trabajadores del Poder Judicial, siempre hay que buscar la capacitación. Si bien, y esto sucede en todos los estamentos de nuestro Poder, no estamos equiparados salarialmente con quienes cumplen nuestros mismos roles en otros lugares y yo fui una de las primeras en solicitar esa equiparación, hay que tener en cuenta que básicamente se trata de un servicio y que lamentablemente hay gente que no tiene vocación de servicio; bueno, esa gente tendrá que aggiornarse y las invito a brindar el mejor servicio de Justicia posible.

 

¿Qué le pareció el fallo de la Corte Suprema que otorgó el beneficio del 2×1 a condenados por delitos de lesa humanidad?

Escandaloso, más de lo que la gente cree. Nuestro referente judicial es la Corte y luego de tamaña irregularidad  qué respeto podemos tener beneficiando a una persona con una ley ya derogada. Lo que no veo es un tinte político al fallo porque nadie se beneficia.

 

Vida familiar

Picazo comentó que la carrera judicial fue parte integral de su vida familiar. “Nosotros nos casamos -con el también abogado Nicolás Chemes- en octubre del ‘75 y en marzo del ‘76 mi marido fue preso y yo al tiempo quedo sin mi trabajo en el juzgado”, recordó y agregó que “nuestra profesión fue en muchos casos nuestro refugio ante las adversidades cotidianas que toda familia tiene y eso nos logró unir mucho más”.

Tras la vuelta a la democracia en 1983, Picazo retornó al Poder Judicial en diferentes cargos y en ese sentido sostuvo que “jamás ningún gobierno provincial me presionó para obtener tal o cual fallo, ni siquiera una sugerencia”.

 

Independencia de poderes

Picazo remarcó que el Judicial es “un Poder igual a los demás y sobre eso también hay que trabajar, sin intromisiones entre ellos sino en forma mancomunada para resolver situaciones que nos atañen a todos”. Al respecto indicó que algunos fallos como la liberación de detenidos acusados de delitos de violencia sexual hacen que “se legisle en la crisis y eso siempre trae inconvenientes”. “Estas cuestiones no pasarían si nos atuviéramos a la ley, si quienes deben aplicarla lo hacen como debieran, todo estaría mejor si se cumpliera la ley”, concluye la abogada.