El deterioro del mercado laboral, el avance de la informalidad y la pérdida de dinamismo en la recuperación de los ingresos interrumpieron la tendencia descendente de la pobreza. Actualmente, uno de cada cinco trabajadores vive en un hogar pobre.
La reducción de la pobreza que se había registrado tras el fuerte salto provocado por la devaluación de fines de 2023 comenzó a perder impulso. Durante el primer trimestre de 2026, el índice volvió a crecer y alcanzó al 30% de la población, impulsado por el deterioro del mercado laboral, el avance del empleo informal y una recuperación de los ingresos que perdió fuerza en los últimos meses.
De acuerdo con un relevamiento de la consultora ExQuanti, basado en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), unas 14,6 millones de personas se encontraban bajo la línea de pobreza en el primer trimestre del año. La cifra representa 600.000 nuevos pobres respecto del último trimestre de 2025 y 1,8 millones más en comparación con el tercer trimestre del año pasado, período utilizado como referencia por incluir el pago del aguinaldo.
En la misma línea, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA estimó que la pobreza pasó del 26,9% al 30% entre el tercer trimestre de 2025 y el primero de 2026, mientras que la indigencia subió del 6% al 6,5%.
Por su parte, el CEDLAS también detectó un deterioro en sus estimaciones, al calcular que la pobreza avanzó del 28,2% al 30,1% entre el semestre julio-diciembre de 2025 y el período octubre de 2025-marzo de 2026.
La precarización laboral, uno de los principales factores
Los analistas atribuyen el freno en la mejora de los indicadores sociales a una combinación de factores. Tras la recuperación de ingresos observada luego del shock inflacionario de 2024, el proceso comenzó a desacelerarse desde septiembre de 2025. Al mismo tiempo, el mercado laboral mostró un crecimiento del empleo basado principalmente en puestos informales y trabajo por cuenta propia, en detrimento del empleo registrado.
Desde ExQuanti señalaron que, si bien aumentó la cantidad de personas ocupadas, una parte importante de esos nuevos empleos corresponde a actividades de menor calidad, con menores niveles de protección social y salarios más vulnerables.
A ello se suma que, aunque los ingresos nominales crecieron 35,6% interanual, la distribución del ingreso empeoró. El coeficiente de Gini pasó de 0,435 a 0,442, reflejando que la mejora no benefició por igual a todos los hogares.
También incidió la pérdida de poder adquisitivo de jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares, cuyos ajustes continúan realizándose con rezago respecto de la inflación. La aceleración de los precios desde septiembre de 2025 redujo la capacidad de esas prestaciones para sostener el consumo de los sectores más vulnerables.
Tener trabajo ya no garantiza salir de la pobreza
El deterioro también quedó reflejado en la situación de quienes tienen empleo. Según el relevamiento de la UCA, la proporción de personas ocupadas que viven en hogares pobres aumentó del 18,1% al 20,6% entre el tercer trimestre de 2025 y el primer trimestre de 2026.
En paralelo, los trabajadores que integran hogares indigentes crecieron del 3,2% al 3,6%.
Los datos muestran que uno de cada cinco trabajadores continúa siendo pobre, una señal de que el empleo perdió capacidad para garantizar ingresos suficientes y actuar como un mecanismo efectivo para salir de la pobreza.
De acuerdo con ExQuanti, el aumento registrado en los últimos trimestres responde a un mercado laboral que genera empleo, pero cada vez más precario y con menor capacidad para sostener una reducción sostenida de los niveles de pobreza.
