El retroceso llevó al indicador desde la categoría “Señales Mixtas” a “Riesgo Elevado” y confirma un escenario de mayor exigencia para el ejercicio empresario.
El indicador SERF elaborado por Fidelitas cayó 6,9 puntos en agosto, hasta los 38,3, y hoy se encuentra en zona de “Riesgo Elevado”.
La actividad industrial, el crédito y la morosidad configuran un escenario cada vez más exigente para las empresas y sus cadenas de valor.
El Sistema de Evaluación de Riesgo Financiero (Índice SERF) de Fidelitas se ubicó en agosto en 38,3 puntos, lo que representa una caída de 6,9 puntos respecto de los 45,2 registrados en julio.
“El indicador muestra que la estabilización de algunas variables macroeconómicas todavía no logra traducirse en una mejora generalizada de las condiciones en las que operan las empresas. La principal fragilidad continúa concentrada en el frente crediticio. El Índice de Riesgo Crediticio descendió hasta 17,8 puntos, reflejando dificultades de pago que restringen la capacidad del financiamiento para impulsar ventas e inversión. El nivel de endeudamiento vía crédito continúa siendo bajo, mientras que la mora permanece elevada, particularmente entre las empresas”, explica Félix El Idd, CEO de Fidelitas.
“La estabilización de precios todavía no se traduce en una mejora de la capacidad de pago ni en una recuperación expansiva de la economía. Para las empresas, el contexto obliga a priorizar cobranzas, liquidez y una selección cada vez más cuidadosa del riesgo comercial”, señala el informe publicado en septiembre.
La industria acelera su caída
Uno de los principales factores detrás del deterioro del escenario es el comportamiento de la actividad manufacturera.
La producción industrial cayó 4,9% interanual en julio y acumuló una contracción de 2,6% entre enero y julio de 2026.
Más significativo aún fue el retroceso de 5,0% respecto de junio, una vez descontados los factores estacionales.
La caída presenta un alcance amplio: 12 de las 16 divisiones manufactureras registraron descensos interanuales.
Los mayores retrocesos se concentraron en bienes durables y de capital, una señal especialmente relevante para evaluar las perspectivas de inversión.
Maquinaria y equipo se contrajo 26,7%, con una caída de 46,6% en maquinaria agropecuaria, que incluye tractores, cosechadoras y pulverizadoras, y de 20,9% en aparatos de uso doméstico.
Otros equipos, aparatos e instrumentos retrocedieron 31,4%, con una contracción de 49,8% en electrónica de consumo y de 25% en equipos eléctricos.
También disminuyeron con fuerza las prendas de vestir, cuero y calzado, con una baja de 15,9% y una contracción del calzado de 26,5%.
Solo cuatro divisiones mostraron crecimiento: refinación de petróleo, con 8,1%; madera y papel, 7,1%; metálicas básicas, 1,6%; y otro equipo de transporte, 2,6%, impulsado principalmente por las motocicletas.
En este contexto, el Índice de Actividad del SERF se ubicó en 54,2 puntos, evidenciando comportamientos dispares pero sin una recuperación generalizada.
El crecimiento de 2,7% interanual del EMAE de junio contribuyó positivamente al indicador, aunque su tendencia-ciclo permaneció prácticamente estable y los datos preliminares para el mes siguiente no permiten anticipar una mejora significativa.
Más empresas en aprietos
La evolución del crédito tiene su contracara en el crecimiento de la morosidad.
Actualmente se registran 57.045 empresas en situación irregular, casi el 12% de las aproximadamente 480.000 empresas activas, lo que representa un incremento interanual de 56,5%.
Solo entre enero y junio de 2026, el incremento de empresas en mora fue del 18,7%.
En el detalle, parece haber cierta paridad: Servicios y Comercio concentran el 71,9% de la morosidad empresarial total. Los mayores aumentos interanuales se registraron en Comercio, con 78%; Manufactura, 76,3%; y Agropecuario, 65,6%.
A este escenario se suma un nivel persistentemente elevado de cheques rechazados, que se mantiene en torno a 80.000 por mes.
En los primeros ocho meses de 2026 ya se alcanzó un volumen de rechazos equivalente al registrado durante los doce meses de 2025.
La combinación de mora, cheques rechazados y dificultades de acceso al financiamiento impacta directamente sobre la cadena de pagos.
Una empresa que demora sus obligaciones puede trasladar la presión a proveedores que hasta ese momento operaban normalmente, multiplicando el riesgo cuando varias contrapartes pertenecen al mismo sector o dependen de un mismo ciclo de demanda.
“Hoy en día, la elección de un proveedor no solo debe incluir aspectos de calidad en el producto o servicio, equipo de profesionales o tecnología implementada, sino también solidez financiera para no estar incorporando un problema a futuro en la cadena de producción de quien hace la contratación”, explican desde la empresa.
Cuando vender más no siempre significa mejorar la caja
Desde Fidelitas explican que el costo financiero constituye otro de los obstáculos para una recuperación sostenida. En agosto, la diferencia entre las tasas efectivas anuales con capitalización mensual de los préstamos personales (88,86%) y de los depósitos (23,40%) alcanzó aproximadamente 65,46 puntos porcentuales.
Para las empresas, el impacto se concentra especialmente en el capital de trabajo. Cuando una compañía cobra más tarde debe financiar durante más tiempo mercadería, salarios e impuestos. Si los márgenes comerciales no compensan ese costo, un aumento de las ventas puede incluso deteriorar la posición de caja.
El crecimiento de la facturación pierde valor cuando queda inmovilizado en cuentas por cobrar o en sobrestocks.
NA.
